
LA CURVA RECTA
En los últimos diez días, una noticia de menor catadura ha llenado los programas de televisión, las redes sociales y las páginas de los periódicos. Me refiero al arribo de un coche deportivo de lujo que cuesta varios cientos de miles de dólares y que en un país de tradición modesta, como el nuestro, ha causado revuelo.
Para entenderse como boliviano, hace bien un viaje al Cusco. En realidad, es casi un “must” y aclaro, no a Machu Picchu, sino al Cusco mismo, a ese ombligo del mundo incaico, como lo llamó Gómez de Figueroa, (también llamado Garcilaso de la Vega Inca).
Las relaciones entre Chile y Bolivia han sido extremadamente complejas. Las heridas de la guerra del Pacífico han sido restregadas de manera constante a este lado de los Andes. El servicio militar, las horas cívicas y ciertos discursos encendidos han logrado que el amor a la patria incluya una porcioncita de odio al enemigo de entonces. Los eventos de El Alto en octubre del 2003 se explican también debido al uso de ese sentimiento tan arraigado (no solo) en las clases populares, y que ha sido utilizado por los demagogos de turno en más de una ocasión.
Las elecciones primarias dentro de los partidos políticos son un procedimiento muy importante en las democracias establecidas, aunque no garanticen resultados fantásticos. Basta referirse al actual Presidente de los Estados Unidos. Aunque de igual manera, si pensamos en otros líderes de ese país, empezando por el anterior presidente, podemos decir que parecen un buen sistema.
La mujer del César y la presidenta del Tribunal Supremo Electoral no solo deben ser honestas, sino parecerlo. Y esto no está sucediendo en estos desdichados días de enero de 2019. Doña María Eugenia Choque ha recurrido a la más baja de las formas que se tiene para tratar de desprestigiar una muy válida crítica y un muy genuino disgusto que se puede tener con su accionar, diciendo que la discriminan por ser mujer y por serlo de pollera.
La decisión de Evo Morales y Álvaro García de participar de una elección a pesar de que la Constitución que ellos promulgaron no lo permite, y a pesar del referéndum que ellos mismos mandaron a hacer y que les cerró las puertas para hacer cambios a esa Constitución, es un acto delictivo y debería ser tratado como tal.
La semana pasada ha tenido su dosis de extrema sordidez: el brutal asesinato de una joven en una discoteca de El Alto, y las noticias de un caso que ha venido a llamarse “La manada boliviana” serían suficientes para no sentir la menor gana de festejar la Nochebuena ni participar de la velada de paz y amor que esta debería ser. Sin embargo, me rehúso a publicar en la víspera de la fiesta más amable de este lado del mundo, un artículo que nos llene de desazón. Para eso tenemos el domingo previo al año nuevo, y los siguientes cincuenta también.
A riesgo de que los lectores de mi columna interpreten estas líneas como lo hacen algunos amigos, que creen que lo mío con María Galindo es un amor no correspondido, vuelvo a iniciar esta glosa refiriéndome a ella, pero esta vez para aplaudirla. Su acción, el martes pasado, de ir a echar pintura al nuevo palacio de Evo y de denunciar una más de sus múltiples hipocresías es válida e importante, además estuvo muy bien calibrada. Por lo de ese día, felicidades a María.
La noticia de que un niño hubiera sido ofrendado-sacrificado-asesinado en algún rincón de los Andes paceños no puede sino estremecer. Cabe por supuesto el beneficio de la duda, en primer lugar porque el sentido común debería hacernos dudar de un extremo tan espantoso, los niños a fin de cuentas inspiran ternura, y deseos de protegerlos, y es casi inimaginable que pudiera darse un caso tan ajeno a lo que podría decirse, es un mecanismo de la naturaleza para la perpetuación de la especie. Los niños en general inspiran compasión y deseos de abrigarlos, de cuidarlos, aún al más fiero.

