
LA CURVA RECTA
Los ancianos merecen consideración y deben ser tratados con respeto, dignidad y cariño, de eso no cabe la menor duda. La semana pasada, se pudo ver en las redes, gracias a una (in)oportuna filmación a una religiosa que atiende a los ancianos que viven en el hogar San Ramón, dar una palmada a uno de los abuelitos, que parece que se había encaprichado en no tomar su medicamento.
Tengo una especial simpatía por el palacio de gobierno de La Paz, el llamado Palacio Quemado. El principal motivo es su tamaño. Creo poder decir, sin riesgo de equivocarme, que se trata del Palacio de Gobierno más pequeño de las Américas y posiblemente del mundo, a excepción de San Marino, posiblemente, y ese no es un detalle menor.
Por los medios que han publicado un tuit de la Ministra de Salud, nos hemos enterado de que está esperando familia. Más allá de que, por supuesto, se desea todo lo mejor a la gestante, esta es una noticia interesante porque es la primera vez en la historia de nuestro país, y posiblemente del mundo, que una ministra esté pasando por ese proceso y toca hacer algunas reflexiones. Entre otros motivos para consolidar los derechos de las mujeres.
Golpear a un empleado es simplemente una acción inaceptable en una sociedad mínimamente civilizada, y la suerte del director técnico de la selección boliviana de fútbol está seguramente echada, el individuo tiene que renunciar o en su defecto ser echado con ignominia. El suyo es un caso de prepotencia extrema, con el condimento adicional de una falta de ética tal, que lo llevó a ir posteriormente a la Policía a denunciar un dudoso robo de llaves.
La semana ha pasado con un escandalete sancochado. Me refiero a la impostura académica de Su Excelencia, el señor Vicepresidente; ahora más claro que nunca está que él no sólo no había terminado sus estudios, sino que casi no había llegado a cumplir la mitad de la currícula. Quien escribe estas líneas es también alguien que jamás se pudo acomodar a los requerimientos académicos. No logré cursar la carrera que me había propuesto, aunque nunca dejé de interesarme por ese campo del conocimiento.
La gente bella, de cara bonita, de cuerpo garboso, de cierta sensualidad, la tiene en la vida más fácil que la que no lo es. Esas características son, se podría decir, un capital social, y hay estudios que más allá de las suposiciones que se puedan tener, refrendan el hecho de que muchas personas hacen matrimonios más convenientes u obtienen posibilidades de empleo o incluso académicas debido a éstas.
Bolivia tiene algunos de los niveles de calidad de vida más bajos de la región. La mortandad infantil es siete veces mayor que en Chile y el doble que en Perú. En efecto, de cada 1.000 niños que nacen vivos, 35 mueren durante su primer año de vida. Por supuesto, que esto sucede ante todo con los niños más pobres, que reciben a veces la peor alimentación, menor atención médica y menor cuidado.
No soy la persona más indicada para opinar respecto al juicio que está teniendo lugar en el Palacio de la Paz en La Haya, principalmente porque ese es un tema que no me conmueve y, precisamente por eso, no lo entiendo o por lo menos no lo puedo ver con los ojos con los que supuestamente lo ve la más grande mayoría de los bolivianos.
Por supuesto que más allá de toda consideración, como boliviano, solo puedo alegrarme de los puntos que sumen a la causa boliviana, aunque hasta por sentido deportivo no deje de admirar algunas de las aserciones de los contrincantes.
Negar el racismo en Bolivia o en cualquier parte del mundo, es querer tapar el sol con un dedo. Argumentar que hay “racismo de los dos lados”, es no entender esa lacra de la humanidad. Decir que “yo antes no era racista, pero ahora me he vuelto racista”, es algo así como decir: “yo antes no era un estúpido y ahora me he vuelto un estúpido”. En Bolivia como en todo el mundo, el racismo se confunde con el clasismo y lo ejercen quienes están arriba, socioeconómicamente hablando, contra quienes están abajo, y por eso, las víctimas de racismo, que son pobres, son también todo indígenas.

