
LA CURVA RECTA
La noticia de que el Ministro de Defensa estuviera hace alrededor de un mes fuera de Bolivia por asuntos relacionados a su salud, nos demuestra en primer lugar una enorme falta de transparencia en el manejo de la información estatal. Es simplemente inaceptable que un ministro de Estado abandone el país por razones personales sin que eso sea informado a la ciudadanía. Más allá de lo atendibles que puedan ser éstas.
El presidente Evo, a tiempo de inaugurar la construcción de una línea más del teleférico, algo que por cierto está convirtiendo a nuestra urbe en un muy interesante atractivo turístico, se ha lanzado con la idea de cambiar el nombre a la ciudad de La Paz; quiere que se llame Chuquiago Marka, porque dice que estamos en tiempos de (des)colonización y que hay que recuperar los nombres originales de los lugares.
El poder recordar un evento sucedido hace cincuenta años lo pone a uno inequívocamente entre los viejos del planeta, por más que como es este el caso, yo cumpliría siete años, un par de semanas después de la increíble noticia de la captura y fin del famoso guerrillero que ayer cumplió sus bodas de oro en el mundo de los muertos.
Las elecciones en Alemania y la consiguiente reelección de Angela Merkel por un cuarto período ha llevado a masistas y evistas a asociar ese hecho político con las pretensiones ilegales de Evo Morales de participar en las próximas elecciones presidenciales bolivianas.
El pedido de declarar la inconstitucionalidad de algunos de los artículos de la Constitución evista, hecho por unos diputados evistas, pone una vez más en evidencia el bajo nivel al que ha caído la vida política boliviana desde que Morales subió al poder.
La última mentirita de Su Excelencia ha ido además condimentada de una coprolalia que no hace bien a la vida pública

