
LA CURVA RECTA
El fin de semana de la anterior semana fue muy desagradable. Tener un contingente de más de 5.000 personas, muchas de ellas con mucho poder, y muy pocos valores, gritando consignas anticonstitucionales no puede dejar impávido a nadie. Escuchar a los gobernantes de tu país estar dispuestos a cambiar las leyes o a doblarlas simplemente para quedarse como dueños del mismo, hace pensar en la alternativa de la migración, de abandonar la patria.
La gente del gobierno ha querido desenmascarar a un grupo de periodistas que según ellos hubieran inventado una enorme patraña respecto a la vida privada, al concepto de paternidad de Su Excelencia, a la ligereza con que se hacen contratos directos entre el Estado y una gran empresa china, y a la astucia de una mujer ligada al poder que hasta usó el empolvado despacho de la primera dama para hacer tráfico de influencias o cosas peores.
Esta semana hemos presenciado la terrible muerte de una niña. Ella aparentemente pasó por un verdadero martirio, pero como corolario, estamos presenciando y de palco, posiblemente una de las mayores injusticias que se haya cometido en los últimos tiempos contra una mujer, contra una madre, si me permiten.
Hace unos tres años tuve la oportunidad de coincidir en el programa Pentágono con la exjefa de gabinete del presidente Evo. La señora me dejó estupefacto cuando sin que nadie se lo preguntara, y a boca de jarro soltó la especie con la que he titulado esta nota semanal. Sí, dijo muy suelta de cuerpo que ella creía que Evo era el mejor de todos los bolivianos. La aseveración era penosísima, sobre todo viniendo de ella, una subalterna del macho alfa de este país.
Para ser justos, debemos poner en primer lugar, al hablar de la falta de agua en La Paz, la terrible sequía que está afectando al país desde principios de año. Tan verdad es este hecho, que lo que verdaderamente solucionará este terrible problema será una buena época de lluvias, que esperemos no se retrase o peor, decida no hacerse presente en los próximos meses.
Hace un poco más de 10 días las cosas se han puesta color de hormiga en buena parte de la zona sur de la ciudad de La Paz, no hay agua, y eso es realmente muy desagradable, la gente está echando el grito al cielo y tiene razón, porque realmente significa una gran incomodidad, y porque además de alguna manera ésta ha sido una situación que se ha presentado sin previo aviso, al menos sin un aviso oficial, porque de la sequía y del Niño, ya se había oído hablar desde junio o aún antes.
He tenido acceso al video con audio de un momento de la agonía del joven Javier Canchi. He podido escuchar a este casi niño pedir que lo maten, clamar por morir, porque los dolores que estaba sufriendo ya no los podía aguantar. Ha implorado su muerte, allí en el lugar donde sus verdugos lo dejaron y otras personas lo encontraron y llamaron una ambulancia. Y como sabemos ha muerto un par de días después en el hospital Viedma de Cochabamba.
Tengo que confesar que me encantan las alfombras persas, y lo digo en tono de confesión porque no deja de tener ese gusto un alguito de esnobismo, de wannabe. Tiene que ver con mi primer viaje a Europa y la suerte que tuve de conocer a unos burgueses alemanes muy potentes económicamente, que tenían sus casas llenas de esas maravillosas joyas textiles.
La semana pasada tuvo lugar una importante marcha contra la violencia hacia las mujeres, posiblemente uno de los asuntos más importantes que debe ser entendido, atacado y solucionado por nuestra sociedad. No me sumé por una razón muy peregrina, estaba muy lejos de La Paz, y por otra un poco individualista: cuando uno participa de una marcha al final puede estar marchando por algo que no representa su verdadera perspectiva de las cosas, eso sucede hasta con las causas más nobles.

