
LA CURVA RECTA
Una obra de arte del Siart —que en realidad no lo era (esto escrito y publicado por una de sus autoras, por cierto la principal)— ha causado un enorme revuelo en La Paz. La señora que confiesa no hacer arte sino política debe estar encantada con lo sucedido. Una aprobación general de lo que ella estaba exponiendo, una aclamación del público, es posible que la hubiera llevado a una seria crisis de identidad.
La semana pasada hemos podido leer dos cartas abiertas al ministro Remy Ferreira. Una más y el fenómeno podría ser calificado como bullying. Pero el Ministro no es un ser indefenso que está siendo acorralado, sino un personaje que ha despertado irritación e indignación, no sólo entre quienes no sienten simpatía por el proceso de cambio, sino entre algunos de los entusiastas de éste.
La semana pasada, redes sociales y periódicos se han preocupado de un tema relativamente banal, que sin embargo tiene una gran importancia. La campaña que ha iniciado una empresa publicitaria que atiende a una fábrica de sillones de cuero, donde se ha presentado una vez más, a una modelo completamente desnuda paseándose entre estos. Ha molestado tremendamente a los feministas y también a algunas personas que sin ser feministas sienten que se trata de una propaganda de muy mal gusto.
El horrendo, cruel y cobarde asesinato del viceministro del Interior Rodolfo Illanes no sólo nos muestra la cara más fea de la Federación de Cooperativas Mineras de Bolivia, sino la de los movimientos sociales y la de Bolivia en general. Sólo una sociedad podrida o extremadamente primitiva, o una combinación de ambas características puede llevar a un crimen de esta naturaleza, a este tipo de extrema deshumanización.
(...) una mentalidad generada a lo largo de siglos de explotación y angurria que nos hace miserables no sólo en lo material sino en otros niveles, como se ha demostrado con el brutal asesinato de un viceministro
Acabo de pasar una semana a orillas del salar de Uyuni, y ésta es la primera vez que he hecho el recorrido por carretera asfaltada desde La Paz. Si señores, es una gran noticia. Se puede llegar hasta Uyuni por una carretera asfaltada, la ruta que tiene algo más de 500 km, es bellísima desde el punto de vista paisajístico, sobre todo si a uno le gusta ese ambiente melancólico del Altiplano, y ahora se puede disfrutar cada detalle, porque no se está sintiendo en los riñones lo que le pasa al carro cuando va por los caminos de tierra llenos de calamina.
No me llevo bien con los himnos, sobretodo los marciales, principalmente porque son parte de un paquete que tiene que ver con esa historia tan llena de sangre que ha sido el devenir humano. Tampoco me gustan porque, en general, tienen letras que de tan patrióticas llegan a ser obscenas, o son simplemente absurdas. El único himno que me gusta es el de la Unión Europea, que yo conocí mucho antes de ser convertido en himno, y que en forma desorejada lo canté en mi niñez.

