
LA CURVA RECTA
El miércoles pasado María Galindo ha publicado un buen artículo respecto a la operación y convalecencia del Primer Mandatario del Estado Plurinacional, ha dejado de lado sus tentaciones pornográficas y sus ataques virulentos.
El ministro Romero ha declarado que siete de cada 10 bolivianos consume ya sea en forma regular o excepcional la hoja de coca. Vale decir toma un mate de coca o la masca. En las redes sociales ha habido una enorme repercusión a esta aseveración, la mayoría de los memes han sido burlescos e hilarantes, como si el alto funcionario hubiera dicho algo absurdo al estilo del que nos tiene acostumbrados el Vicepresidente o en su momento el canciller Choquehuanca que quería sustituir el vaso de leche en el desayuno escolar, por un puñado de hojitas de coca.
Parece que don Evo Morales y los suyos no han aprendido nada de la crisis del año pasado. Eso es comprensible, porque en vez de hacer una introspección se han dedicado a inventar culpables, contratar mediocres y construir una historia aún más descabellada que la que inicialmente contaron.
El desastre de Auquisamaña inspira en primera instancia una gran compasión hacia las víctimas, perderlo todo de un momento a otro, y no sólo los bienes materiales de valor, sino los recuerdos, las cartas, tal vez las fotografías, es algo que conmueve a cualquiera, lo bueno es que no se ha tenido que lamentar la pérdida de ninguna vida.
Más allá de que un discurso que dura más de cuatro horas no ha sido diseñado ni para ser atendido ni entendido, más allá de que hablar tan largo muestra una profunda incapacidad para la síntesis y una más profunda falta de respeto para los presentes, el problema con el discurso del 22 de enero de su Excelencia es que ante todo se trata de un discurso plagado de “inverdades”.
No hay una sensación de que lo indígena hubiera florecido estos años.
No, García Linera no acompañó a un indígena en su asunción al poder, se sirvió de la imagen de lo indígena para llegar con una camarilla al poder
El Gobierno no hace lo que predica, es contradictorio por naturaleza, y lo ha demostrado en estos años, no en un simple torneo para machos machotes, sino en aspectos trascendentales de la vida nacional, para bien y para mal
Si no hubiera problema con el agua, si la vida en La Paz fuese como hace dos meses, y como lo fue desde que tengo uso de razón. Si todavía no hubiera aprendido que abrir un grifo en la cocina o largar el tanque del inodoro es en realidad un lujo, el Dakar seguiría siendo mucho más que un absurdo.
Días antes de la Navidad, el Gobierno ha lanzado un producto audiovisual que difícilmente puede ser llamado un documental periodístico, aunque lo ha camuflado como tal. En realidad se trata de un filme que trata de contar una historia basada en un hecho real, pero interpretada al gusto del creador. Lo malo es que está al servicio de los poderosos de turno y eso hace que la posición del productor sea muy penosa. Mercenarios los llaman.

