Una princesita del Estado Plurinacional
El nacimiento de Alba, la primogénita de los esposos García Fernández, ha sido noticia. A parte de las felicitaciones ha habido voces altisonantes que han criticado que la niña viniera al mundo en la más prestigiosa clínica privada de La Paz y no en un maternológico estatal. No me sumo a esa crítica, porque si la esposa del vicepresidente hubiera ido a un establecimiento estatal, hubiera causado un descalabro mayor en esas instalaciones para atenderla mejor. Hubiera sido una hipocresía, y un acto político. Fue sensato, natural y racional que la pareja que tiene las posibilidades económicas para eso, optara por la clínica donde han nacido también los hijos y nietos de muchos de los jefes neoliberales y actuales opositores.
El nacimiento de Alba me alegra genuinamente, como puede alegrar el nacimiento de cualquier niño, y de un niño que está llegando a un entorno donde se lo amará, se lo respetará y se lo cobijará con enorme cariño.
La primera Dama, porque de algún modo protocolarmente esa es la posición de doña Claudia Fernández de García, es una persona no solamente bella, sino discreta y amable; en todos estos años ha dado una imagen impecable, será seguro una espléndida madre.
El vicepresidente ha mostrado también rasgos que lo harán un buen padre. Además solo en casos muy excepcionales un bebé no saca de un adulto su mejor lado, su ternura, y su deseo de proteger a ese ser tan, pero tan indefenso.
Alba García ha nacido en el seno de una familia de la clase media alta boliviana, vivirá en una cómoda casa en uno de los mejores barrios de la ciudad, ubicada a pocas cuadras de dos de los colegios particulares más prestigiosos del país. Será una niña a la que la vida sonreirá y eso solo puede alegrar.
Que eso implique algunas contradicciones respecto al discurso de su progenitor, no es algo tan malo. Peor sería si tuviéramos en el segundo hombre más poderoso del gobierno actual un fundamentalista marxista leninista.
Alba conocerá a su padre en sus mejores facetas seguramente, y también sabrá mucho de él por las noticias, por todas las referencias que hay y van a haber sobre él. Estoy seguro de que dentro de 15 años habrá también una biografía seria hecha sobre la personalidad más contradictoria e interesante de este gobierno.
Alba significa “Blanca”, un nombre curioso para la hija de uno de los arquitectos del estado plurinacional, pero significa también “Amanecer” y eso implica esperanza. Tengo la esperanza de que este nacimiento nos traiga mejores días.
El vicepresidente García ha jugado con simbologías muy interesantes en cuanto a su matrimonio. No debemos olvidar la boda en la más emblemática iglesia católica de la ciudad, ni el traje de la novia en la ceremonia de Tiahuanacu, copia del de la boda de Beatriz Ñusta, que protagonizó la alianza más interesante entre la aristocracia inca y la española al casarse con un sobrino de San Ignacio de Loyola.
Las arenas movedizas son desagradables, las incongruencias son como arenas movedizas, pero a veces un actuar contradictorio puede ser una buena noticia.
Subrayo el buen sabor de una bonita historia, de una niña que será amada y protegida por sus progenitores, no es un cuento de hadas, pero sí una referencia edificante, y eso hace bien.
Si pensamos en el año pasado a estas alturas y la sórdida historia de otro niño que ocupó las primeras planas de nuestros periódicos y los muros de nuestras redes sociales de internet, no nos queda más que reflexionar mucho sobre las responsabilidades de la paternidad y sobre la suerte con la que nacen unas y la mala suerte con la que vienen otros a este mundo.
El autor es operador de turismo
Columnas de AGUSTÍN ECHALAR ASCARRUNZ



















