
LA CURVA RECTA
Lo que ha pasado en la entrada chapareña del Tipnis el fin de semana pasado es un abuso que no debería pasar sin la respectiva sanción y las disculpas del caso, tanto de los que impidieron el ingreso de un grupo de personas al territorio del parque nacional, como de las autoridades del gobierno que han apañado una acción que en su estricto sentido es un secuestro, aunque “solo” hubiera durado media docena de horas, y aunque no se hubiera pedido rescate alguno a los rehenes.
Aunque estoy seguro DE que ese no fue un invento de los ochenta, la primera vez que me enteré de un periodismo “under cover” fue cuando leí el reportaje sobre McDonald’s hecho por un reportero de Der Spiegel en Alemania, que se empleó por unos meses en un restaurante de la famosa cadena, para conocer verdaderamente de primera mano lo que sucedía en ese tipo de establecimientos que resultan tan poco chic tanto para los ricos del mundo como para la izquierda radical.
No tengo gran simpatía por Bolívar. Y estoy seguro de que mi alter ego del siglo XIX hubiera quedado estupefacto cuando algunos le cambiaron el nombre a su país y le pusieron el de ese general caribeño. Por eso la medalla de Bolívar no me conmueve. Me parece además una joya extraña, engarzada con diamantes en un país que, aún ahora, luego de tantos años de bonanza, sigue siendo muy pobre.
Posiblemente dentro de algunos años, cuando se estudie los tiempos de Evo, como gustan de llamar este período algunos de los escribanos de su gobierno, quedará muy en claro que este país no estuvo de fiesta, más allá del rutilante e ininterrumpido periplo de viajes nacionales e internacionales que hizo, y que seguramente seguirá haciendo hasta su último día en el poder, el principal protagonista de este cabaret en su avión de 38 millones de dólares.
El 28 de junio es un día muy especial a nivel global. Me refiero por supuesto a las conmemoraciones y celebraciones del Christophers St. day, vale decir, el día del orgullo homosexual, que se inició como una conmemoración de los eventos que tuvieron en esa calle de Nueva York hace 49 años, y que marcaron un antes y un después de la relación entre el estado y las personas que gustan de las personas de su mismo sexo.
Hace unos diez días fue posesionado en un alto cargo del Ministerio de Salud una de las personas de más bajo nivel ético que jamás haya sido ministro de esa cartera. Me refiero al despreciable Juan Carlos Calvimontes, que incumpliendo no sólo normas elementales de respeto a la privacidad de los pacientes, sino contraviniendo específicamente la Ley 3729 que garantiza la reserva en el caso de las personas que conviven con el VIH, declaró públicamente que el entonces magistrado Gualberto Cusi tenía esta condición.

