Enigmas de la industria fósil en Bolivia
Exceptuando las objeciones al ethos de la vida industrial que opusieron los movimientos indígenas invisibilizados hasta el último cuarto del siglo XX, los actores liberales y las diversas facciones nacionalistas e izquierdistas del siglo pasado y el nuestro, equipararon industrialización a progreso, independencia y bienestar.
En ese sentido, la percepción de los energéticos fósiles como un prodigio capaz de propagar la vanguardia industrial por la Bolivia semirural con inusitada rapidez, a través del suministro al mercado interno y/o su comercialización externa, palpitaron con intensidad durante todo el siglo XX, prevaleciendo entre los diversos paradigmas industrialistas, siquiera desde la promulgación de la Ley Orgánica del Petróleo de 1936: “Que la actual crisis que afecta la producción del estaño impone al gobierno la necesidad de crear nuevas fuentes de riquezas, que aseguren la estabilidad económica del país con rentas saneadas y permanentes” (Ley 24-10-1936, 24/10/1936).
Los modelos que fueron adoptados promoviendo su desarrollo fueron muy divergentes, siendo los más recurrentes: 1.- Liberal: recurrieron al capital extranjero, mediante “regímenes de concesiones” apropiados a sus expectativas gananciales, para desarrollar el sector. 2.- Nacionalista moderado: involucraron al “capital de riesgo” como un actor imprescindible para descubrir nuevas reservas, pero condicionaron su intervención al reparto equilibrado del excedente entre las compañías y el fisco, asignando potestades hegemónicas al Estado sobre la gestión comercial de la producción 3.- Nacionalista endógeno: enarbolaron el monopolio estatal para toda la cadena productiva, sustituyendo al capital y medios técnicos extranjeros, por un gran esfuerzo mancomunado de las clases “nacionales” y el crédito “desinteresado” del Bloque del Este, y el mercado interno como monopsonio.
Sin embargo, para cualquier caso, la exploración constituye la labor fundamental de la minería hidrocarburífera. Sin la mediación de la geología con el apoyo de otras ciencias naturales más o menos afines (paleontología, palinología, geofísica y geoquímica), prospectando vastas regiones con procedimientos intensivos en capital, no sería posible hallar los hidrocarburos que sustentan la vida moderna.
Una comprensión óptima del desarrollo industrial de la minería fósil inevitablemente implica indagar las múltiples determinaciones que posibilitaron o dificultaron los conocimientos científicos adecuados para descubrir y explotar yacimientos comerciales. O en otras palabras, no sería posible explicar dicha cuestión, reduciendo su faceta sine qua non (la exploración) a los costos financieros desmenuzados en “rubros” para cada “tarea” del proceso, como si el mercado de cuadros técnicos más los equipos e insumos que necesitan fuera de competencia perfecta. No obstante, los intelectuales que han investigado el caso boliviano, salvo raras y parciales excepciones, omitieron el análisis sobre esta cuestión, o le depositaron frugal atención.
Con el propósito de arrojar luz a este vacío cognitivo, es preciso analizar los procesos e intereses tejidos en torno la cuestión durante la dominación liberal a inicios del siglo XX en Bolivia (1899-1921), apuntando a revelar: 1.- Nexos de los trabajos exploratorios con los intereses capitalistas en su contexto geopolítico. 2.- Relevancia de sus descubrimientos para la explotación petrolífera a escala industrial, tanto en el ámbito propiamente técnico, como en la voluntad de los inversores. Pronto ofreceremos novedades al respecto.
El autor es economista.
Columnas de JUAN JOSÉ ANAYA GIORGIS


















