Ciencia, racismo y política en nuestra historia
En el prólogo al libro “Estudios sobre la Geología de Bolivia” de Alcides d’Orbigny que el Ministerio de Colonización y Agricultura publicó en 1907, Belisario Díaz Romero destacó el valor económicamente utilitario de aquel libro: “Al lanzar en la literatura la presente publicación —infinitesimal parte de la profusísima y fecunda pluma de este coloso autor— quedarános la satisfacción de ser útiles a los diversos industriales que ahora comienzan a explotar el suelo boliviano: ya los mineros buscando filones metálicos, ya los agricultores terrenos apropiados para sus cultivos”.
Y hay más. Belisario halagó mucho la belleza estética de la obra de d’Orbigny, pero también polemizó con él en torno a sus ideas sobre la distinción de las razas humanas lamentando que Alcides d’Orbigny no se asumiera explícitamente a sí mismo como un partidario de Jean Baptiste Lamarck, el notable naturalista francés que planteó, por primera vez, la evolución natural de las especies, incluyendo la humana, mediante largos procesos de adaptación a su medioambiente.
Contextualicemos. Los ilustrados y liberales bolivianos, siguiendo al pensamiento lamarckiano relativo a la eugenesia, muy en boga en América Latina a inicios del siglo XX, atribuyeron el atraso industrial del país a la composición racial, mayoritariamente indígena, de su población. En efecto, para d’Orbigny las diferencias entre unos pueblos y otros no respondían a diferencias raciales, sino culturales, como lo trasluce su célebre parágrafo de “El Hombre Americano”:
“El americano —indígena— no está privado de ninguna de las facultades que poseen los otros pueblos; sólo le falta la oportunidad para desenvolverlas. Cuando esas naciones sean libres, mostrarán mucha más facilidad en todo género de actividad intelectual, y si hoy algunas de ellas no son más que la sombra de lo que han sido, ello se debe solamente a su posición social actual (… ) Sin querer parangonar el desarrollo de las facultades intelectivas de los americanos con las de los habitantes de Europa, creemos que pueden formar un pueblo esclarecido, y no cabe duda de que, tarde o temprano, la marcha de la civilización demostrará lo que decimos de acuerdo con hechos bien establecidos y observaciones personales”.
No obstante, y por sorprendente que parezca y para despecho de muchos intelectuales del MAS, aquellas nociones racistas de la elite boliviana a inicios del siglo XX no fueron igualmente hegemónicas durante las primeras décadas de nuestra historia republicana. Según José María Dalence, como intelectual ligado al Gobierno del mariscal José Ballivián (1841-1847) y autor del célebre Bosquejo Estadístico de Bolivia (publicado en 1851), los “indios y bárbaros”, no eran “ineptos” ni “inferiores” al “blanco” por naturaleza.
¿Fueron esas ideas de Dalence un resultado de la influencia intelectual de d’Orbigny durante su paso por Bolivia?, ¿en qué medida las ideas de Dalence fueron aceptadas en los ámbitos intelectuales y por sus conciudadanos en general?, ¿cómo y cuándo decayeron en favor de la eugenesia lamarckiana? Bien, lo ignoro a ciencia cierta.
De cualquier modo, y a pesar de los interrogantes aquí pendientes, una interesante y aleccionadora máxima se desprende: nuestra historia real es mucho más compleja y entreverada que las representaciones hegemónicas sobre ésta que hegemonizan los discursos políticos tan en boga en nuestro tiempo.
El autor es economista.
llamadecristal@hotmail.com
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