El retorno a lo peor
Las últimas tragedias e informaciones revelan la gravedad de la baja condición en que está sumido el país. No son simplemente unos desafortunados hechos aislados. Al accidente en carretera, al accidente en la universidad alteña, a los asesinatos y enterramientos de cuatro chicas en la zona de los sindicatos cocaleros, hay que añadirle además lo que ahora se sabe sobre la corrupción absoluta (con la anuencia y participación del mismo Evo) entre policías y militares, y hay que añadirle, digamos y por qué no, el puente caído en Cochabamba (gracias a una alcaldía masista). Es que todo eso pertenece a un mismo paquete. Ese paquete se llama Bolivia. Desde que tengo uso de razón, siempre, todo, fue un problema y funcionaba mal. Y ahora hay un retorno a lo peor, que a veces tuvimos la ilusión de estar dejando atrás.
Siempre recuerdo una cruzada de la frontera al Perú, hace muchísimos años. Por Kasani/Yunguyo La diferencia que había entre las oficinas de migración peruana y boliviana. Estaban lado a lado en ese entonces, cada una en un pequeño patio. El lado boliviano era una mugre descuidada, había un pedazo de reja caída que dejaron así, con sólo unos alambres. Cosas tiradas, basura no recogida. El lado peruano, en cambio, era a su lado un primor. Ahí todo estaba bien, incluso tenían un jardincito cuidado. Sin hablar de la hermosa iglesia que tenía el pueblito (será Yunguyo, supongo), con un artesonado grande y de madera en el techo. Y una placita llena de flores que las estaba regando un hortelano hecho y derecho.
En el viaje de vuelta, apenas entramos al lado boliviano se subió al bus un feísimo funcionario, con tufo y ojos muy rojos, a robar a cada pasajero un peso, dando un boleto/recibo legal (“aprobado por el Congreso”), en el que decía que esa era una recaudación para el progreso de Copacabana.
Ahora mismo esa Bolivia, la peor, vuelve a inundar hasta la última rendija y de la mano, por supuesto, del MAS. “Politizar” de semejante forma esas tragedias puede parecer un abuso y fuera de lugar ante el silencioso respeto que provoca y merece todo accidente. Pero, justamente, eso pasa en Bolivia: que inmediatamente uno percibe, tras cada desastre, una falla institucional, algo hecho mal, algo que se hubiera podido evitar si… etc.
La práctica destrucción del servicio exterior y la diplomacia que ha emprendido el MAS, así como el saqueo de los parques naturales que empezó hace poco, son dos ejemplos del camino por el que va el cártel en que se viene convirtiendo, arrastrando a toda Bolivia al abismo: al abismo de lo mal hecho, de la corrupción total, de la imbecilidad a rajatabla, de la destrucción de las instituciones, la exterminación de la democracia, de la educación, de la salud… Todo eso garantiza que este país seguirá siendo de los peores del mundo –uno en el que accidentes como los ocurridos seguirán pasando una y otra vez. Y no se ve que esto vaya a cambiar.
El autor es escritor
Columnas de JUAN CRISTÓBAL MAC LEAN E.



















