El heroísmo de la tuna
El heroísmo de la tuna afronta cualquier aridez. Aún si de sol a sol ha de albergar su dádiva encubierta. El milagro de la humedad dulce y encerrada, protegida, en medio de la adversa sequedad, se revela en su pulpa generosa, en la delicia que parece extraída de la nada. Lo que no es cierto. Nada más palmario, en efecto, que esa suerte de palma, u hoja, o tallo o qué, o qué, y en cuya superficie se pone a brotar la tuna.
No en vano, otro rasgo esencial de la tuna singular es que esta no puede separarse de la multiplicidad de la que brota. Los más ingenuos reclamarían que lo mismo pasa con cualquier fruta en relación al árbol o arbusto frutal que la genera.
Sin embargo, la aparición de la tuna, en cualquier parte de la porción de tunal en la que nace, y que a su vez salió de cualquier parte, hacia cualquier parte, de otra pieza precedente, confirma ese carácter duplicadamente aleatorio y caprichoso que ocupa en el conjunto.
La unidad de la tuna y la dispersa, proliferante y retaceada totalidad, realizan pactos parciales, gobernados por la conjunción y la añadidura desbocada, en cualquier dirección.
Una fruta propiamente sudaca, como lo enseña Wikipedia. Hace millones de años, en efecto, se habría originado en Sudamérica: tanto pudieron rastrear los paleobotánicos. Su entrada en la historia escrita tuvo lugar en México, donde se la conoce como nopal y a sus ‘hojas’ o ‘tallos’, pencas. Otra vez, la Wikipedia:
“En su Historia general de las cosas de la Nueva España, fray Bernardino de Sahagún describe el legendario y "monstruoso" nopal, como él le llama (ya que los nativos lo llamaban nopalli). El sacerdote José de Acosta lo cita como un árbol célebre de la Nueva España, "el árbol se debe llamar como a un montón de hojas o pencas unas sobre otras”.
Como ninguna otra fruta, además, lleva adherido el paisaje del que brota. Este puede ser cualquier campo seco o tras una pared, un baldío o una quebrada, pero sobre todo un lugar desértico. O entre grandes rocas. Piedra, cielo, cactus y nada más. Austera epifanía. No hay que olvidar, por otra parte, la alianza entre el ‘monstruoso’ tunal y el Far West . Hasta tan lejos, en efecto, puede llegar la imaginación que lo retrata.
Y de que el tunal mismo, con sus alrevesadas formas y figuras, ni del todo árbol ni vertical cactácea, es él mismo un espectáculo, da fe la pasión que suscita en los pintores.
Ahora mismo, las hay en todas partes, no hay frutería que no tenga su canasta de tunas. ¡A por ellas!
El autor es escritor
Columnas de JUAN CRISTÓBAL MAC LEAN E.

















