Museo Chinchiri, el hogar de los grandes artistas
Chinchiri es más que un museo, es un compromiso con el arte boliviano y hoy está de aniversario. Se trata del hogar del artista plástico Fernando Antezana, sobrino del legendario Gíldaro Antezana, que hace tres años fue convertido en museo y que hoy se renueva con nuevas colecciones y obras de reconocidos creadores nacionales.
En un recorrido por sus instalaciones, los ojos no tienen descanso, se mueven de arriba a abajo y giran sin parar para apreciar en cada rincón el centenar de obras entre pinturas y esculturas que el museo -de tres plantas con detalles y acabados minuciosos- alberga. La obra más importante de esta temporada se encuentra en el último piso, es la de Gíldaro Antezana, una de las últimas pinturas que creó hace 40 años, antes de fallecer y que. Para Fernando, es un orgullo exponerlo en el museo.
“El concepto de este museo es que todos los artistas de gran jerarquía estén juntos para que la apreciación del pueblo, para que la sociedad civil venga a este lugar y conozca no solo a Fernando Antezana, sino que va a conocer lo mejor de la plástica boliviana”, manifiesta Antezana.
En Chinchiri, denominado así en honor al lugar de nacimiento del maestro Gíldaro Antezana y ubicado en Piñami-Quillacollo (kilómetro 11 de la avenida Blanco Galindo, a seis cuadras al norte sobre la avenida Saavedra), se encuentran las obras de alrededor de 50 artistas, como Juan Bustillos, César Terrazas, Walter Terrazas, Ramón Tito, Johnny Quevedo, Juan Carlos James, Rosmery Mamani, Adda Donato, Remy Daza, Darío Antezana, Zenón Sansuste, Fernando Prada, Walter Terrazas, Amadeo Castro, Gerardo Zurita, entre otros.
También habrá obras de Ponciano Cárdenas y Alberto Medina.
Según Antezana, para que el museo funcione los mismos artistas -o familiares de artistas fallecidos- colaboran prestando sus obras. “Si los artistas no apoyarían, no existiría el Museo Chinchiri”, afirma y denuncia, de alguna manera, la falta de apoyo e iniciativa de las autoridades correspondientes.
“¿Dónde queda la cultura? La cultura está enterrada, estamos ahí bregando con los artistas, pero no es cuestión de quejarse. Yo me he metido a esto y en esto tengo que estar porque, además, me apasiona. Estoy 25 horas al día haciendo arte, me dedico a esto, mi casa es un museo. Pero lo más importante es la satisfacción de los niños, los jóvenes y el público que viene. Todos se van contentos y ese es el plus, es la felicidad que uno tiene como artista”, expresa Antezana sonriente.
Cuenta que cuando él tenía 10 años, época de sus primeros pasos en la pintura, solía visitar la pinacoteca que estaba en la Casa de la Cultura. Allí, donde se exhibían obras de maestros de la pintura, se inspiraba y fue aprendiendo al ver sus obras. Por ello, para él es un orgullo tenerlos juntos en su hogar.
“La felicidad viene del aporte cultural a la sociedad. Vienen estudiantes y ven quién era Gíldaro o don Ricardo o Bustillos. Yo les regalo catálogos y los reto haciéndoles preguntas, interactuamos y por supuesto que ellos se van aprendiendo algo, y eso es lo que falta en nuestro país, lugares como éste para educar a nuestra gente, para cultivar el arte porque un pueblo sin arte no es nada”.
“Hay un momento en el que pienso que como artista uno debe aportar a la sociedad. Por suerte, en el arte, a mí me ha ido bien. La gente aprecia mi obra, he ganado varios premios, he tenido ventas; pero hay un momento en el que debes aportar y eso es lo que estoy haciendo. Pero el gran detalle son los colegas artistas, las familias de los artistas que fallecieron, que están apoyando constantemente este proyecto”, destaca.
AUTORRETRATO DE AMADEO CASTRO
Esta es una de las obras más preciadas de Fernando Antezana: un autorretrato del fallecido artista cochabambino Amadeo Castro.
“(Este cuadro) lo ha pintado en un momento en que él estaba enfermo. Los artistas, al final, siempre terminamos mal, hechos trizas por la vida que llevamos; pero en esta obra yo veo que la mirada es tan profunda, que la ha expresado en un momento crítico que él vivía. Yo compré el cuadro, me emocioné porque fue un gran artista y hoy también es un orgullo tenerlo a Amadeo Castro porque ha sido un gran pintor y este no es un retrato cualquiera, sino es un retrato especial”.
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