Contrabando feroz
Que el contrabando es un flagelo que constriñe la economía boliviana no es ninguna novedad. Los enfrentamientos con las patrullas de control en las fronteras, las frecuentes denuncias de la afectación en la industria boliviana y los reportes sobre la sangría en la economía nacional son noticias frecuentes, casi cotidianas, que se suman al colmo de las ironías: la consolidación de “ferias del contrabando”.
Y si las sorpresas no son suficientes, un reciente informe de la Cámara Nacional de Industria, con datos del INE y de la ASFI, devela la enorme desproporción en esta “guerra”, que bien podría equipararse a un duelo de David contra Goliat. Los artículos que cruzaron ilegalmente las fronteras en 2022 fueron valorados en 3.331 millones de dólares, mientras que la Aduana Nacional realizó decomisos por 105 millones de dólares, lo que representa apenas el 3 por ciento del total del valor de la mercancía ilegal.
El “Estudio sobre el impacto negativo del contrabando en el país” devela también que la cifra valuada de contrabando de 2021 fue de 3.061 millones de dólares, y el año pasado, de 3.331. Eso causa que el Gobierno pierda 930 millones de dólares por evasión tributaria.
Las elevadas cifras del contrabando también impactan negativamente a 38 mil industrias en el país y a 600 mil empleos formales del sector fabril.
En esas circunstancias no es extraño que la Cámara Nacional de Industria y todo el empresariado nacional en general peguen el grito de alerta y vean con impotencia lo poco que pueden hacer la Aduana Nacional y el Viceministerio de Lucha contra el Contrabando, para el control de 6.700 kilómetros de frontera.
Es por demás evidente que esta “guerra” ha sido infructuosa debido a las limitaciones físicas para combatir al flagelo y a la permanente corrupción en la que han incurrido muchos funcionarios, incluso en altas esferas del Gobierno, y poblaciones enteras que han actuado en complicidad de las bandas de contrabandistas.
Finalmente, esta “guerra” tampoco tendrá mayores resultados si no se logra una conquista mayor: la toma de conciencia de la población que busca lo más económico, que adquiere lo más conveniente para su bolsillo sin pensar que ello causará la quiebra de industrias bolivianas y el desempleo, y que incluso se da el lujo de tener ferias del contrabando.
Por supuesto, tampoco es posible exigir esto a la población si su situación económica le aprieta el estómago, si los empleos son precarios y si no se avizoran mejores oportunidades de vida. Vencer al contrabando exige considerar todas estas aristas. De no hacerlo, se persistirá de forma permanente en los efectos mortales con que día a día mata nuestra economía el contrabando feroz.


















