El valor asignado a Google Street View
Camilo Albarracín Zelada (*)
Transitando por el casco viejo pude percatarme que los antiguos edificios están desapareciendo. Alguna fachada se alza virtuosa y antigua, con un número en la puerta que detalla el año de su construcción, pero si la puerta se abre, muchas veces no existe edificio dentro como un rostro sin alma. En otro, una edificación muy moderna se alza, entreverando el misterioso estilo kitsch, o camp.
En una oportunidad, caminando por la UMSS, Oquendo y Jordán, más o menos, vi un perro negro, tenía una especie de collar rojo en el cuello, contraste que lo hacía muy llamativo, además de su postura al lado de una kioskera.
Dudé sobre el dato de un perro perdido que había visto en Facebook, en la publicación compartida por una amiga. Me puse a revisar, pero el Internet era pésimo. Mientras tanto el can comenzó caminar la calle, hacia el sur. Entonces, mientras revisaba el celular, esperando la respuesta del lentísimo Internet, desesperado en espíritu, pero calmo en mi andar, lo seguí.
Fueron como tres cuadras las que recorrí, hasta que logré encontrar la fotografía del perro perdido. La comparé mientras caminada al lado del perro que no me daba mucha importancia, tal vez por la cantidad de gente que estaba transitando en una hora pico. Y efectivamente, era el mismo, un poco sucio y cojo, pero era él.
Llamé a su dueño y me contestó una mujer muy emocionada, le expliqué que había encontrado a su ser amado, me dijo su nombre y que “lo agarrara nomás porque era muy dócil”, mientras llegaba a toda velocidad.
Lo detuve por el collar llegando a la Calama esquina Antezana. Para mi mala suerte al lado de un contenedor de basura, estuve ahí un buen rato, y me percaté que todo alrededor eran nuevas edificaciones cargadas de publicidad, menos la esquina donde estaba. Parecía una casa muy antigua. Finalmente llegó la dueña del perro, sucedieron agradecimientos y buena onda.
Se fueron y miré un momento esta edificación antigua. Pude ver que ahí se ubica la Capilla del Señor de los Milagros, y en escrito a modo de menú, en su puerta, se explica que tiene más de 400 años de antigüedad. Inmediatamente asocié su duración a un milagro como tal.
Miro a lo lejos y se alza una gran iglesia. Por donde quiera que vea, se alzan los imponentes edificios de esta institución, algunas con detalles muy hermosos con sorna de nariz respingada y otras menos lujosas, con aires de decadencia. Pero creo que ninguna con ese cariz de gente sencilla e historia colonial, como esta capilla.
Sería una lástima perder más edificios históricos que guardan buenas anécdotas, tanto fuera como dentro de sus estructuras. A este paso sólo vivirán en el disco duro de Google Street View del 2015.
(*) El autor es escritor.























