Derecha e izquierda a mitades
A pesar de las dificultades surgidas en el sistema político español por la emergencia de nuevas agrupaciones políticas, no existen signos de ascenso de fuerzas “populistas”, con escasa ideología y mucho sentimiento, como se observa en otros países europeos como Francia, Italia e, inclusive, Alemania y el Reino Unido. Y ésta es, sin duda, una buena noticia
En las últimas elecciones generales en España, los sondeos, incluidos aquellos en boca de urna, estuvieron lejos de los resultados finales. La mayoría daba una triunfo más débil al Partido Popular (PP) de Mariano Rajoy y vaticinaba que la coalición Podemos - Izquierda Unida (Unidos Podemos) de Pablo Iglesias y Alberto Garzón obtendría más votos que el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de Pedro Sánchez y que Ciudadanos de Albert Rivera alcanzaría un número de sufragios parecido al logrado en las elecciones del pasado 20 de diciembre. Contabilizados los votos emitidos y evidenciada una participación de alrededor del 70% de los ciudadanos, se dieron algunos resultados no esperados.
Lo primero que no se esperaba era que el PP lograse el 33,03% de los votos en su favor y, sobre todo, se asegurase 137 escaños en el parlamento, bastantes más de los 123 obtenidos en las elecciones de diciembre. Tampoco que el PSOE consiguiera mantenerse como la segunda fuerza más votada con el 22,66% del sufragio y con 85 escaños, 5 menos que los alcanzados en diciembre. Asimismo, que la coalición Unidos Podemos, con el 21,10 de los votos y 71 escaños, no lograse superar a los socialistas de Pedro Sánchez. Por último, tampoco que Ciudadanos lograse sólo 13,05% de votos y 32 escaños, 6 menos que los obtenidos en diciembre.
Una primera consecuencia de estos resultados es que el conjunto de fuerzas de “derecha” y el conjunto de fuerzas de “izquierda” resultan casi empatados en la contienda del último domingo. En efecto, sumados los votos del PP y de Ciudadanos se llega a un total de 46,08%, mientras que sumados los votos del PSOE y de Unidos Podemos se llega a un total de 43,76%. Esta polarización ya se anunció en los comicios de diciembre.
Otra consecuencia es que, a diferencia de lo ocurrido el año pasado, los partidos “emergentes” —Ciudadanos y Podemos— claramente pierden terreno. Como contrapartida, los dos partidos tradicionales —PP y PSOE— marcan una suerte de retorno al “bipartidismo”. El voto sumado de ambas fuerzas alcanza a 54,13% del total de sufragios emitidos. En cambio, el voto sumado de Ciudadanos y Podemos llega a poco menos del 34,15%. Aunque el “bipartidismo” parece retornar, está lejos de convertirse en hegemónico, como fue antes.
En este marco, se llevarán a cabo las negociaciones con el fin de formar gobierno. Ninguna de las fuerzas políticas, incluido el PP, tiene un número suficiente de escaños como para acceder al gobierno. A poco de conocidos los resultados de los comicios del pasado domingo, el actual presidente del gobierno, Mariano Rajoy, reclamó el “derecho” de su partido a formar un nuevo gobierno. Poco después, tanto Pedro Sánchez como otros líderes del PSOE señalaron que el líder del PP tiene la responsabilidad de realizar esfuerzos, sin poder excusarse como lo hizo el año pasado después de las elecciones de diciembre.
Si ahora no fuese posible alcanzar un buen resultado en las tratativas que, sin duda, ya están en curso, los españoles podrían verse obligados a concurrir a elecciones generales por tercera vez en lo que va del año. Hay buenos indicios para suponer que esta salida no es deseada por ninguno de los principales dirigentes políticos. Por el contrario, todos ellos han insinuado que lo deseable es superar la incertidumbre y asegurar la gobernabilidad.
El debilitamiento del “bipartidismo” y la emergencia de nuevas fuerzas políticas, con la consiguiente dificultad para conformar en el parlamento mayoría absolutas o, al menos, suficientes para conseguir el gobierno y para gobernar eficazmente, han creado la necesidad de un cambio de estilo en el juego político. Ahora es imperioso buscar alianzas, coaliciones u otro tipo de entendimientos entre los diversos partidos políticos y, en especial, entre los cuatro que dominan la escena política. La experiencia adquirida a lo largo del último y fallido proceso de negociaciones, después de las elecciones del año pasado, será invalorable para esta nueva etapa. El temor que subsiste es que las posiciones basadas en las famosas “líneas rojas” que, por ser tales, nadie puede atravesar, podrían obstaculizar para los arreglos que se necesitan.
Por el momento, el cuadro muestra la imagen, por un lado, de un PP ganador con buenas posibilidades de dirigir un nuevo gobierno y frente al desafío de difíciles y complejas negociaciones y, por otro, de tres agrupaciones, PSOE, Ciudadanos y Unidos - Podemos, situadas en la oposición. Los tres tienen a la mano tres formas para colaborar y romper el estancamiento: acordar una alianza de gobierno con el PP, acordar una suerte de colaboración parlamentaria y votar por la abstención en las sesiones de investidura. La primera es tal vez la menos probable en el caso del PSOE y con seguridad está descartada por Unidos - Podemos. En cambio, no deja de ser probable para Ciudadanos. Es posible que las dos últimas no sean totalmente descartables ni para el para el PSOE ni para Ciudadanos.
A pesar de las dificultades surgidas en el sistema político español por la emergencia de nuevas agrupaciones políticas, no existen signos de ascenso de fuerzas “populistas”, con escasa ideología y mucho sentimiento, como se observa en otros países europeos como Francia, Italia e, inclusive, Alemania y el Reino Unido. Y ésta es, sin duda, una buena noticia.
El autor es profesor universitario
Columnas de ALBERTO ZELADA CASTEDO















