Funciona si crees
El otro día estaba caminando por uno de los mercados más populares que hay en Cochabamba, La Pampa, y me acerqué a una vendedora de inciensos para comprar unas cuantas barritas. Le pregunté si el que tiene aroma a canela es, como dicen por ahí, efectivo para atraer la abundancia.
Me contestó que funciona si yo creo.
Hasta ahí la cosa cae entre la superstición y la fe y dependerá de quien encienda el incienso, que tendrá un determinado aroma, para conquistar el amor, la salud o la prosperidad.
En otro lugar del mercado están los vendedores de sahumerios, mesas blancas, bandejas llamadas contra-maleficios, velas y fetos de ovejas y llamas colgados en alambres y colgadores de ropa.
Los fetos son altamente codiciados y hay para la venta de todo tamaño. Un feto pequeño cuesta alrededor de Bs 30 y el cadáver de una llamita blanca, de pequeña alzada, cuesta Bs 300. Por si solos no son suficientes, a estos cuerpitos se les deberá añadir banderines, confites, incienso, mistura, mirra, flores, cerveza o chicha y fabricar una ofrenda que sea del gusto de la Pachamama. En total se realizará un gasto de Bs 500 o un poco más.
La creencia es que cuanto más grande sea la ofrenda, mayores beneficios se obtendrán de la Madre Tierra.
Sin embargo, hay un detalle escabroso en este asunto y es el modo en que se obtienen los fetos y bebés de llamas. Se los obtiene por medio del asesinato, porque es imposible creer que hay cientos de llamas que tienen un aborto espontáneo, que es el argumento usado por quienes se dedican a su venta.
Una gran mayoría de las llamas son sometidas a golpes y patadas en el vientre para provocarles un aborto. Las que llegan a dar a luz y traen al mundo llamitas blancas, puede llegar a ver como sus bebés son matados. Luego los cuerpos son vendidos para construir las mesas u ofrendas.
Probablemente algunas voces se alzarán a favor de los sacrificios y sostendrán que se trata de prácticas ancestrales y, por lo tanto, habrá que respetarlas.
Por mi parte considero que no es posible creer que matando a animales inocentes se obtenga buena suerte o fortuna, creyendo en la existencia de una diosa benevolente que mira agradecida cómo se va matando a sus hijos creados o creaturas.
En ese sentido, va llegando la hora de repensar en el sistema de creencias que sostienen muchas personas y empezar a creer que sí funciona el respeto a la vida, no destruyéndola sino conviviendo con lo creado. De otra manera, caeremos en una espiral de aniquilación.
La autora es máster en comunicación social y periodista.
Columnas de MÓNICA BRIANÇON MESSINGER


















