El cardenal y la polarización
La decisión del Papa Francisco de nominar al obispo emérito Toribio Ticona como nuevo cardenal ha provocado gran alegría, particularmente dentro de la Iglesia.
Se trata de una nominación especial. Toda vez que el Papa ha creado cardenales ha incluido entre ellos a sacerdotes y obispos eméritos cuya vida de servicio a la Iglesia y a la gente ha sido ejemplar, por lo que se convierten en ejemplos a emular. En este sentido, la vida eclesiástica del nuevo cardenal responde a esas características y, sin duda, a la visión que tiene el Papa de la labor que deben cumplir los pastores de la Iglesia: servir a los “descartados” y hacerlo con alegría. Quienes conocemos al obispo Ticona podemos dar fe de esa actitud.
Además, en esta decisión papal hay un reconocimiento a la labor de la Iglesia en el país, por su trabajo evangélico, así como su identificación con los sectores más desamparados (y su permanente atención) y estar siempre dispuesta a evitar situaciones de violencia fratricida.
Pero, este nombramiento también ha generado críticas y, para peor, ha atizado la polarización que sufre el país y que día que pasa aumenta por la actitud suicida de las autoridades de gobierno y dirigentes del MAS para conseguir a como dé lugar una inconstitucional respostulación del Primer Mandatario, como también de quienes creen que la decisión papal puede respaldar esa intención.
Se puede convenir que las decisiones que adopta el Papa en relación a la Iglesia universal poco o nada, por lo general, tienen que ver con circunstancias de política interna del país de origen del nominado, y, en este caso concreto, se puede afirmar que la elección del obispo Ticona como cardenal está en esa línea.
Pese a ello, las reacciones desatadas muestran que una cosa es la decisión adoptada en el Vaticano y otra las interpretaciones que se le den en el país. Para la mayoría de los fieles católicos, como señalamos, se trata de una buena noticia, porque además de reconocer a un prelado meritorio ayuda a mantener la labor eclesial en tiempos en que la Iglesia es permanentemente agraviada no sólo por sectores radicales del gobierno y el MAS, sino por quienes queriendo aprovechar esa inquina buscan objetivos religiosos e incluso por un núcleo de gente atea militante del laicismo radical.
También dentro de la propia Iglesia hay quienes asignan a esta decisión papal un elevado contenido político interno. “Populismo” es el nuevo concepto que agita sus temores que sólo se justifican porque surgen a consecuencia de las reacciones que han tenido muchos dirigentes del MAS, incluido el Primer Mandatario (que se encuentra en un duro proceso de reconocer la realidad, que había sido muy diferente a la que sus adláteres le informan), al interpretar esa nominación como un apoyo a Evo Morales, y difundirla por calles, plazas y redes sociales. Nuevamente, los extremos se tocan y, pareciera, sin darse cuenta.
Para peor, incluso se ha afirmado (en declaraciones y en las redes sociales) que la elección como cardenal del obispo Ticona sería una especie de “desagravio” frente a la creación de cardenal del Arzobispo de Santa Cruz Julio Terrazas el siglo pasado. Semejante despropósito sólo puede salir de personas que ignoran supinamente el funcionamiento de la Iglesia y nuestra historia, y podría responder a los irresponsables funcionarios que elaboran la agenda pública del oficialismo.
En todo caso, esta decisión papal que en tiempos normales sería motivo de alegría y sano orgullo, se convierte un nuevo objeto de insensata confrontación, en circunstancias en que el país está ingresando a un proceso, al parecer irreversible, de transformación de las relaciones políticas.
Ante este escenario, sólo se puede esperar que el país recupere mínima normalidad y eso pasa, sin duda, porque se cumpla escrupulosamente la Constitución Política del Estado y las leyes, y así dentro de 86 semanas se produzca el correspondiente cambio de inquilino de Palacio de Gobierno.
P.S. Ya redactado este artículo, el gobierno reconoció que fue un oficial de la Policía quien asesinó a un estudiante de la UPEA. Esta actuación, sumada a la seguidilla de denuncias sobre la prepotencia policial y su domino sobre el Ministerio Público y la justicia, exigen una respuesta cívica y ciudadana contundente.
El autor fue director de Los Tiempos entre 2010-2018
Columnas de JUAN CRISTÓBAL SORUCO QUIROGA




















