Memorias de Casimira Rodríguez
En la primera gestión del expresidente Evo Morales, Casimira Rodríguez, dirigente sindical de las trabajadoras del hogar de Cochabamba, fue posesionada como Ministra de Justicia (2006-2007). De su desapercibida labor ministerial prácticamente no recordamos nada. Pero ese vació fue cubierto por la mexicana Coni López –que se califica a sí misma como feminista, indigenista y colectivista– como resultado de la publicación de su libro Camila: Memorias de la militancia política en el trabajo asalariado del hogar (Editorial Kipus, 2015).
Según relata López, “la compañera Casimira Rodríguez visitó México en el año 2007 para participar de diferentes eventos relacionados con su experiencia sindicalista con las trabajadoras del hogar y su experiencia como Ministra de Justicia”. Cuando Coni se encontró con Casimira en la Universidad Autónoma Metropolitana de Xochimilco, le pidió su testimonio escrito. “Ella accedió a contarme su historia, aunque me dijo, no tenía nada escrito”, cuenta López. Después de dos años retomaron contacto para acordar un plan de trabajo, “con el objetivo de escribir su historia”. Coni subraya: “Mi papel simplemente sería transcribir lo que ella me contara, ordenarlo y seleccionarlo para ofrecer un texto histórico, una perspectiva personal, un sentir íntimo y profundo”. Precisamente por eso, en la portada del texto aparece el nombre de Coni López con el modesto título de editora.
La voluminosa transcripción de López abarca varias facetas de la vida de Rodríguez (infancia, juventud, experiencia laboral, sindical, viajes, congresos). Pero por cuestiones de espacio veremos algunos pincelazos de su pasó por el Ministerio de Justicia. Todo empieza con la sorpresiva llamada de Morales a Casimira para que se traslade rápidamente a La Paz. Después de horas de viaje –de Cochabamba a La Paz– pudo reunirse con Morales, que le dijo: “Compañera, acompaña el Ministerio de Justicia en el gabinete (…). Necesitamos gente de confianza. ¿Qué quieres ser Ministra o viceministra?”. Rodríguez narra que quedó sorprendida por la invitación, a lo que respondió: “No, hermano, esos espacios son para profesionales. Es difícil porque eso es más para los que manejan las leyes”. Ante esta respuesta, Morales le dijo lo siguiente: “Con el apoyo de los asesores, vas a poder nomás. Yo tampoco sé cómo ser presidente de un país, pero voy a aprender a ser presidente. Eso se aprende compañera”. Ante la irrefutable afirmación de Morales, Casimira decidió aceptar la invitación bajo el siguiente criterio: “Y yo lo único que sabía era lo que era lo justo y lo injusto, desde mi experiencia como líder social y mi compromiso con la justicia para las trabajadoras del hogar”. Con suficientes argumentos fue que aceptó el cargo de ministra. Lo interesante en este caso, es que los asesores políticos influyen en la toma de decisiones.
También relata Rodríguez, que el personal de seguridad, las secretarias y jefes de gabinete “son dueños y señores de la Ministra o de sus superiores”. Este dato refleja la existencia de pequeños “ministros” dentro del ministerio que ejercen poder en la vida cotidiana de los funcionarios públicos. De ahí ahondan favoritismos, desigualdad de funciones, salarios altos e inamovilidad laboral. Y, ellos van construyendo un cerco humano en torno al jefe.
Las Memorias de Camila son ilustrativas porque nos muestran bajo qué criterios se reparten internamente los cargos públicos, y a la vez muestra varios pasajes recurrentes en la administración pública, los cuales no se modificaron ni moralizaron con el denominado proceso de cambio. A la larga, las “roscas” de la burocracia prevalecen por encima de reglamentos internos, cambios de gobiernos, tendencias políticas y jefes transitorios.
El autor es abogado
Columnas de FREDDY ZÁRATE















