Un temprano acercamiento a la Escuela de Frankfurt
En noviembre de este año, el filósofo Hugo Celso Felipe Mansilla, más conocido como H. C. F. Mansilla, cumplirá 80 años de su nacimiento y como escritor un poco más de medio siglo. Personalmente lo conocí en 2005, cuando por ese tiempo me encontraba cursando el primer año de la Carrera de Derecho en la Universidad Mayor de San Andrés. La primera impresión que tuve fue cuando asistí a sus clases de “Introducción a las teorías de la sociología”, que dictaba por ese tiempo en la maestría de sociología, en las ófricas aulas del ex Museo Mineralógico. En esa sesión pude escuchar a un profesor con amplios conocimientos sobre el campo de las ciencias sociales, donde se inclinaba en persuadir a sus oyentes sobre la heterogeneidad del saber universal. Sus intervenciones las realizaba con mucha soltura y sin ahorrar dificultades ilustraba con pasión y rigor a los clásicos y contemporáneos de la sociología y la filosofía. A partir de ese primer encuentro, seguí con entusiasmo los cursos del maestro en pregrado y posgrado en las carreras de Filosofía, Historia, Comunicación Social, Sociología y Ciencias Políticas.
Con el pasar de los años fui forjando una sincera amistad con el doctor Mansilla. A lo que se sumó un par de amigos, a quienes nos unía un afanoso interés en seguir de cerca las clases del profesor y se hizo casi un ritual ir a tomar juntos un café después de cada sesión, en el cual el maestro departía sus impresiones sobre libros, relataba sus viajes por Europa, África y Latinoamérica, sus encuentros con escritores, sus maestros en Alemania, sus anécdotas con sus compañeros de estudio en la Universidad Libre de Berlín, sus proyectos intelectuales y sus tormentosos amoríos. Estos encuentros fueron interrumpidos por la pandemia, pero, una vez que se retornó a la “normalidad”, retomamos las reuniones con el mismo ímpetu y hasta el día de hoy hay una plática “sagrada” sobre el acontecer cultural, político y social de nuestro país y de otras latitudes.
A lo largo de los años fui introduciéndome a la vasta y compleja producción intelectual del profesor Mansilla, que abarca temas referidos al campo de la filosofía, la sociología, la ecología y la ciencia política. Es así que pude advertir que en la década de los 70 el filósofo H. C. F. Mansilla publicó el libro Introducción a la teoría crítica de la sociedad, que forma parte de la colección Biblioteca Breve de Bolsillo, Editorial Seix Barral, el año 1970. El texto reúne ocho ensayos que tienen la finalidad de introducir a sus lectores a la denominada Teoría Crítica y su influencia en el pensamiento contemporáneo. El recorrido que presenta el autor se centra en mostrar la evolución del Instituto de Investigaciones Sociales desde su fundación, en 1930, hasta su conexión con los movimientos universitarios de oposición radical. Para ello, el autor camina por las sendas de sus máximos exponentes como Theodor W. Adorno, Max Horkheimer, Herbert Marcuse, Erich Fromm, Jürgen Habermas, Franz Neumann, Leo Löwenthal, Walter Benjamin y Friedrich Pollok, entre otros.
Por eso, esta temprana mirada de la Escuela de Frankfurt representa el arribo de las principales ideas de la Teoría Crítica a países latinoamericanos y en especial a suelo boliviano, que, para entender este contexto cultural y filosófico, se debe acudir ineludiblemente a los postulados del libro Introducción a la teoría crítica de la sociedad, que por extraño que parezca, aun para los propios estudiosos de la actualidad, fue incorporado -en los 70- al léxico de las ciencias sociales sudamericanas por el filósofo H. C. F. Mansilla. Y se puede afirmar que esta parte de la historia del pensamiento boliviano es inexplicable sin él y, de algún modo, irreductible a él.
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