La terminación de la democracia
A eso es, exactamente, a lo que está procediendo Luis Arce, en la medida en que sea directamente él quien ordena, y a quien se le ocurren los violentos apresamientos y persecuciones políticas que está llevando a cabo su Gobierno. ¿Se imaginaba Arce, el gris funcionario que siempre fue y a quien jamás se le escuchó una sola frase inteligente, que él mismo quedaría a cargo de la terminación, la exterminación de la democracia? Fea manera la que le tocó de entrar en la historia: por la alcantarilla.
Arce ya ganó las elecciones, la situación del país está que arde en todos los frentes, y podía haberse dedicado a gobernar. Pero no parece que acabe de comprender qué significa ser presidente de un país. Su sola victoria ya podía ser una señal suficiente para ponerse a trabajar. Pero no. Es tan hondo el resentimiento, tan profunda la penetración de los bajos sentimientos, el deseo de venganza o el de la aniquilación de opositores, que su satisfacción se antepone a los intereses del “bien común” que ya ninguna vela toca en tan oscuros sótanos. Ignoro hasta qué punto Arce mismo, personalmente, es protagonista de esta ofensiva o ella es más grande aún y lo rebalsa, es todo el partido/cártel el ofendido. Grupos de choque masistas no faltan. Esta es otra característica de los gobiernos y movimientos populistas y antidemocráticos: inmediatamente abren las esclusas del odio y aparecen sus jaurías. Colectivos chavistas, Proud Boys trumpistas, grupos de choque bolsonaristas, civiles armados orteguistas…
A nadie se le olvida, tampoco, lo extremadamente mal que lo hicieron la señora Áñez y quienes la rodearon. En gran parte, ellos mismos prepararon las condiciones de posibilidad de lo que ahora mismo ocurre. Después de la gran victoria contra el fraude y que era de esa inmensa mayoría que, hasta en la última calle de Bolivia puso sus barricadas, esa misma victoria fue, en cierto modo, traicionada y apropiada por otras fuerzas que resultaron nefastas. Hicieron como si los 14 años del masismo, y su profundo arraigo, hubieran desaparecido de un plumazo e ignoraron un sinfín de señales inquietantes y urgentes que atender. Ninguno de ellos, sin embargo, se merecía, y de esta forma, lo que les están haciendo pasar, precisamente, los que siempre fueron y son los primeros en reírse de cualquier ley, Constitución o freno a sus angurrias.
Estamos saliendo de unas elecciones importantes, todas las alcaldías y prefecturas (como se llamaban, hasta que el MAS les puso el tonto mote de “gobernación”, que suena tan irónico) necesitan un mínimo de tiempo para reorganizarse, estamos en plena pandemia –que son absolutamente incapaces de atender debidamente– y en todas partes hay problemas, acabamos de quedar horrorizados por la porquería política en que están convertidas las universidades, el tenebroso Quintana llama a la guerrilla a los cocaleros (pero no es acusado de sedición), se acaba el gas, se acaba la plata, se acaban las posibilidades, hay peligros recesivos, etc... Pero en un contexto semejante, ya por sí solo tan difícil, a Arce no se le ocurrió otra que emplear toda la energía gubernamental, antes que en “gobernar”, más bien en reprimir. A la cárcel con quienes le dé la gana, sin que importe un comino ninguna legalidad o, simplemente, la más mínima decencia.
Eso equivale, en la práctica, a una tácita formalización de la entrada en modo dictatorial y del abandono de la democracia, junto con la confirmación, otra vez más, de que los jueces, o fiscales que firman estas órdenes son simplemente sus empleados. Hace tiempo (recuérdese al fiscal Blanco) que se tienen sobrados indicios de que es, justamente, en semejantes medios jurídicos donde se encuentra lo más repugnante de Bolivia.
No me meteré aquí, obviamente, con nada que los funcionarios oficiales digan o no digan de sus motivos, sus pretextos, sus declaraciones, o con su uso de las palabras “democracia”, “justicia”, etc. Todos sabemos que mienten de cabo a rabo, siempre, vez que abren la boca. Es un tema que hace rato ya ha merecido la reflexión política: el de cómo, en los sistemas de la izquierda reaccionaria (Cuba, Venezuela, Nicaragua, etc.), la mentira es un pilar estructural que necesitan como el aire.
Y ahora estamos viendo el gran despliegue de la gigantesca mentira (hubo “golpe” y poco se refieren al fraude) que desean imponer como verdad –a la fuerza. Y a las heridas abiertas, abrirlas más, y al fuego, echarle más leña.
¿Cómo y cuánto resiste un país, una sociedad en formación a tantos embates? Ya se preocupaba por ello el gran Cicerón, que veía tambalearse a la contundente Roma:
“¿Que casa hay tan sólida, qué ciudad tan firme, que no pueda zozobrar a causa de los odios y las disensiones?”.
El autor es escritor
Columnas de JUAN CRISTÓBAL MAC LEAN E.





















