Cochabamba, creatividad desde el caos
Como suele suceder, varios candidatos a la alcaldía, a través de audaces collages de fotografías foráneas, quisieron vendernos la idea de una Cochabamba-Copenhague, una Cochabamba-Viena, o una Cochabamba-Frankfurt. Está comprobado que vender humo es uno de los deportes preferidos en esta sociedad acomplejada, donde los futbolistas hablan como argentinos, los emigrantes profieren sonoras y gruesas injurias con acento madrileño, y los “jailones” abusan del spanglish y sueñan con un Dolphin Mall en la avenida América. Pero es una utopía transformar nuestra ciudad en una urbe europea –aparentemente ordenada, limpia, segura, donde el transporte, los servicios y los equipamientos públicos funcionan de manera óptima–, y sería un error intentar adaptarnos a una planificación urbana importada, o realizar una intervención cargada de ideología y contaminada de política.
Es fundamental comprender que una ciudad es esencialmente caótica, y que su organización debe realizarse y transformarse dentro del caos. Aunque suene tentador, no podemos derrumbarla y construirla de nuevo. Es imposible lograr un orden geométrico, minimalista, o seguir las pautas chic de Marie Kondo y desechar todo lo que atenta contra nuestra felicidad: esos micros contaminantes con letreros ponzoñosos –“Si la envidia doliera, andarías gritando”–, por ejemplo, o esas torres frías y hacinadas que se amparan en la amnistía y construyen varios pisos fuera de norma.
Lamentablemente, debemos aprender a convivir con varios elementos perturbadores que impiden estructurarla del todo: la informalidad, la ilegalidad, y principalmente la política que, de manera inexplicable, está orientada a la chicanería y al empantanamiento, y está muy alejada de las propuestas y de la búsqueda de consensos. Sin embargo, provoca cierta esperanza que Reyes Villa haya rechazado la invitación del Comité pro Santa Cruz, y que más bien se haya reunido con el gobernador del MAS, mostrando la voluntad de trabajar en coordinación a pesar de sus múltiples diferencias. Ése es el camino correcto. La alternativa al partido de gobierno no es la conformación de un bloque retrógrado, excluyente y regionalista, sino la ejecución de una gestión pública exitosa, que genere un progreso tangible para la ciudad y sus habitantes, y demuestre que es posible alcanzar la prosperidad sin la necesidad de jurar con un puño en alto ni encarcelar a quienes piensan diferente.
Pero la ciudad no se construye desde el deseo de los urbanistas, ni desde una perspectiva estrictamente económica, donde se corre el riesgo de adoptar modelos que beneficien a una minoría. Una correcta planificación urbana no contempla solamente vías, servicios, basura, transporte, regulación de uso de suelo y alturas de construcciones. Deben analizarse también otros temas, igual de importantes, como el medio ambiente, la pobreza y la criminalidad. Para ello, es indispensable conformar un equipo interdisciplinario e intergeneracional, con profesionales idóneos y de calidad. Asimismo, debe haber un diálogo con toda la ciudadanía, incluidos los transportistas temerarios, los comerciantes abusivos y los extorsionadores de K’ara K’ara, a quienes por vocación democrática se debe escuchar también.
La próxima gestión municipal tiene la responsabilidad de intervenir esta ciudad sin norte, tan venida a menos, y realizar una planificación de calidad, que proyecte una Cochabamba con seguridad y confort para las mayorías. Comencemos pronto, y que el caos incentive la creatividad.
El autor es arquitecto, lemadennis@gmail.com
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