Las lágrimas del croata Luka Modric
Literal o metafóricamente, 529 de los 552 jugadores que participan en la Eurocopa se van llorando. Quizá incluso más, pues alguno de los 23 futbolistas que se proclamen campeones el domingo 10 de julio en París dejará escapar lágrimas de emoción. No será Luka Modric, que el sábado en la anoche agotó su cuota de sollozos.
Por la relevancia del individuo o las circunstancias que le rodean, hay llantos que resultan particularmente contagiosos. Es el caso de Modric, el director de orquesta de Croacia que el sábado, tras un insulso partido contra Portugal, terminó buscando consuelo en Cristiano Rolando, cómplice en el Real Madrid y verdugo en Francia.
Ni Ronaldo ni Modric hicieron un partido a la altura del talento que se les conoce, pero la fortuna sonrió con acento portugués. El mago croata terminó llorando y el goleador luso le prestó su hombro como pañuelo mientras miraba de reojo a Polonia, su contrincante en octavos el próximo jueves en Marsella.
Motivos no le faltaban al de Zadar. Tras haberse coronado campeón de la Liga de Campeones con la camiseta merengue en una campaña en la que se consagró como una de las piezas claves del equipo madridista, se despide de una Eurocopa que legítimamente le invitaba a soñar.
Primero porque, a los 30 años, llegaba a Francia con la edad óptima para dejar huella, acompasando el juego de los croatas, una selección con alfiles como Subasic, Rakitic, Kovacic o Mandzukic, y con el plus de confianza que supone saberse campeón de Europa, de clubes. En el estreno de su equipo en la fase de grupos contra Turquía, Modric firmó un excelso tanto de volea que dio la victoria a los suyos.



















