Venezuela: los niños son los más afectados por las amputaciones
Hasta ayer, el balance por los terremotos en Venezuela registraba 3.685 personas fallecidas y 16.740 heridas que han recibido atención médica. Entre estas últimas se encuentra un grupo de pacientes que, debido a las graves lesiones por aplastamiento sufridas bajo los escombros, requirió amputaciones para preservar la vida. Se trata de una realidad que permanece parcialmente opacada por la magnitud de la emergencia humanitaria, pero que representa el inicio de un proceso de rehabilitación física, emocional y social que puede prolongarse durante años.
El atleta venezolano amputado Gabriel Cardier, quien ha seguido de cerca la atención médica a los sobrevivientes y mantiene contacto con equipos que trabajan en la emergencia, aseguró que entre 100 y 200 personas habrían sufrido amputaciones como consecuencia de los terremotos y aproximadamente 40% de estos pacientes serían niños. Estas son las cifras que manejan los equipos médicos que atienden la emergencia en Venezuela.
“Como amputado, sé que perder una extremidad es solo el comienzo de un largo proceso. Tener acceso a una prótesis, a terapia y a un apoyo emocional puede marcar la diferencia”, expresó el deportista.
Los rostros que sobrevivieron a la tragedia
Detrás de cada una de las cifras hay historias de supervivencia marcadas por pérdidas irreparables. Entre los casos que más han conmovido al país se encuentra el de Yuli, niña de 7 años de edad que sobrevivió al colapso de su vivienda en La Guaira durante los terremotos del 24 de junio. La pequeña perdió a sus padres y a tres de sus hermanos bajo los escombros. Además, las lesiones por aplastamiento obligaron a los médicos a amputarle una pierna para salvarle la vida.
Ahora permanece bajo el cuidado de familiares que también resultaron afectados por la tragedia y que intentan reconstruir un hogar adaptado a sus nuevas necesidades de movilidad.
Mientras inicia el largo proceso de rehabilitación, la música se ha convertido en uno de sus principales refugios emocionales. Sus allegados cuentan que pasa buena parte del día cantando canciones del dúo Ha*Ash, sus artistas favoritas, actividad que le permite distraerse del dolor físico y emocional.



























