
BITÁCORA DEL BÚHO
A cada patriarca le llega su otoño. A cada tirano le toca recoger las cenizas de sus banderas. A cada Chivo se le acaba su fiesta.
Es cuestión de tiempo y de acciones. La retórica no basta, es necesario estar de embuste en embuste para irse de hocico de una vez por todas y perder así el poder y la credibilidad.
“La fortuna política es un largo orgasmo”, dijo el escritor mexicano Carlos Fuentes en su novela La silla del águila.
En 1950, el escritor mexicano, Octavio Paz, escribió un texto sobre el Gulag (la Dirección General de Campos y Colonias de Trabajo Correccional), en la Unión Soviética, y trató de publicarlo en diferentes periódicos de México, pero todos los rechazaron porque consideraban que hacer esa denuncia significaba beneficiar la causa del enemigo y contribuir a la reacción.
Al director de cine español, Luis Buñuel, le obsesionaban muchas cosas. Su corriente surrealista lo llevó a crear obras maestras que reflejaron con crudeza a una sociedad decadente, podrida y sin una esperanza para reivindicarla.
Me presto, arbitrariamente, el título de una de sus películas más impresionantes y polémicas. “Ese oscuro objeto del deseo”. Más que el título, es la carga poderosa que contiene su significado o su simbología para interpretar cualquier posible escenario social, político, económico y cultural.
¡Todo fue, todo es idéntico, ya todo sucedió! Esta es una sentencia que, como una espada de Damocles pende de las vigas del tiempo y del espacio. Tiempo y espacio son, desde una unidad vigorosa, un taypi inescrutable que pervive, en armonía, en la circularidad nietzscheana, en esa que se va construyendo a base de encuentros y desencuentros que, como una calesita, gira y gira. Todo lo que en algún tiempo y espacio sucedió, tendrá que volver a reencontrarse.
A estas alturas de la historia, poco importa qué partido esté de turno en los gobiernos desarticulados y escuálidos de Latinoamérica. El nuevo desorden mundial político, social, democrático, comunicacional y económico, es evidente.
Hay pues, una desconexión total y un laberinto del que no se acaba de hallar la salida, cuando menos, durante las dos últimas décadas.
El término proviene del latín bestiarum. Manuscrito de la Edad Media (ss. XII y XIII) que contiene descripciones de los principales animales fabulosos. Su contenido reunía relatos e ilustraciones de las bestias catalogadas. Se centraba en la descripción de las criaturas que, entre otras cosas incluía verdaderas lecciones de moral.
Existían bestiarios reales y fantásticos, los primeros, eran considerados animales positivos: águilas, leones, o negativos: cerdos, serpientes. Los fantásticos simplemente eran bestias mitológicas.
Exactamente así, entre marchas, bloqueos, amenazas, advertencias, sentencias, cercos y movilizaciones sociales masivas de sus huestes y ramas anexas, Juan Evo Morales Ayma se afianzó, se agigantó y por fin llegó a la presidencia de la república y gobernó el país desde el 22 enero de 2006 al 10 noviembre de 2019.
La historia es imprescriptible, no se borra ni desaparece. La historia permanece en la memoria de los habitantes. Es la espada de Damocles que siempre pende sobre el cogote de los desleales.
Y cuando despertamos, el dinosaurio estaba allí. Había sufrido una metamorfosis y se había convertido en un monstruoso y enorme dictador (insecto).
El tiempo histórico político en Bolivia siempre estuvo (está) enfrascado en una pugna de poderes, ideologías, colores y pillería. Las crisis sociales y políticas tuvieron y tienen su campo de acción en las mezquindades, egoísmos, preferencias individuales y, cuándo no, en un puñado de militantes al servicio incondicional del mandamás. Eso resume, esencialmente, una acción política histórica de amo y servil, jefe y servidumbre.

