Latinoamérica: ni derechas ni izquierdas, una brújula
A estas alturas de la historia, poco importa qué partido esté de turno en los gobiernos desarticulados y escuálidos de Latinoamérica. El nuevo desorden mundial político, social, democrático, comunicacional y económico, es evidente.
Hay pues, una desconexión total y un laberinto del que no se acaba de hallar la salida, cuando menos, durante las dos últimas décadas.
A dos años de pandemia, no podríamos afirmar que la desarticulación del continente se deba, precisamente, en su totalidad, a este hecho. La pandemia puso de cabeza al mundo, cierto, sin embargo, la larga cola de la crisis integral en Latinoamérica data de hace tiempo y eso contribuyó, con mucho, para que el presente y el futuro estén condenados a un constante escrutinio y duda de si será posible salir de este atolladero que se ahonda cada vez más.
Si los años de vacas gordas, producto de la venta de materias primas, sirvieron para engordar el ganado político y corrupto del poder, no sirvieron para potenciar la industria, el mercado laboral, la salud, la reducción de la pobreza, el desarrollo, la vivienda y la equidad social.
Las políticas populistas, corruptas y de compadrazgo debilitaron profundamente la economía. Los gobiernos de turno, sean de izquierda o de derecha, perdieron credibilidad y apoyo de la población e intentaron e intentan salvar su pellejo con medidas de hecho, impositivas, y normas que solo significan mayor crisis, corrupción y estancamiento.
Tras largos años de bonanza sin precedentes, pero sin políticas gubernamentales que encauzaran el desarrollo y la independencia de los mercados mundiales, se reafirma la pobreza, la crisis, las asimetrías sociales y el descalabro.
Ni derechas ni izquierdas, ni populistas, ni neoliberales, ni tecnócratas, ni hipócritas, supieron encarrilar sus gobiernos hacia la potenciación de sus sociedades y el bien colectivo.
De nueva cuenta, el Estado, es asaltado por el poder de los gobiernos criminales que saquearon y saquean la poca o mucha riqueza de los países. Desde hace mucho, el gobierno, es el protagonista y la punta de lanza para ganar más poder y dominar los pilares del Estado. El gobierno, como arma delincuencial, se ha apropiado de las almas y de las conciencias. El régimen compra, vende, prostituye y corrompe.
Del neoliberalismo al populismo, una transición de cambio para que nada cambie, dirían los economistas. Tal cual. Ambas bandas delincuenciales cayeron en el mismo saco de pillos. Hoy, nuevamente se reconfigura el mapa político de Latinoamérica. Para mal, hay un carnaval de pasiones, deseos y codicias obscenas que desvinculan sus modelos económicos con ese principio elemental de los años 80: “el buen vivir”.
En Sudamérica: Brasil, Argentina, Perú, Bolivia, Venezuela y Colombia abrazan una común desgracia. Chile, ha ingresado a la sala de espera. Aunque el joven electo presidente, Gabriel Boric, tenga el cartel de izquierdista radical, los conflictos sociales irresueltos en su país serán sus máximos desafíos. ¡Chile, bienvenido a la aldea global de la camaradería zurda!
En Centroamérica el drama es similar, su trayectoria política no sentó las bases para fortalecer su democracia, su eterna e histórica problemática de violencia e injusticia sociales, jamás fue resuelta.
Latinoamérica ha echado por la borda su mayor hito histórico. Acaso, desde su independencia, no tuvo mejor momento para fortalecer sus estructuras productivas. Todo se escurrió como arena entre los dedos.
¡Después de la farra continental, ahora viene el dolor de cabeza y la diarrea! Su crisis se agudiza cada vez más y retorna, una vez más, al punto exacto de la pedigüeñería y la dependencia internacionales.
México es una eterna contradicción política y social ¡Nos azota porque nos quiere!, dirían las huestes más leales al régimen. AMLO, aparte de ser un demagogo, es el crisol donde se crean los malos ejemplos, si antes Chávez y Fidel eran los capataces de la finca, AMLO los sustituyó, ahora, es el oráculo de los endiosados y de los innombrables.
En América Latina existe una representación política que no logra unificar las aspiraciones de desarrollo en sus gobiernos. Las desigualdades sociales se ahondan y la poca distribución, desigual, de la riqueza, es insultante.
La corrupción, más que la pandemia, está llevando a un devenir nefasto, comprometiendo las nuevas generaciones a un desaliento total.
¡Lo más democrático de los gobiernos latinoamericanos, es que saben distribuir muy bien la miseria!
¿En qué parte de su tránsito histórico se jodió América Latina? La jodieron, sería más justo decir. El compadrazgo que se formó en Sudamérica, encabezado por el extinto comandante Hugo Chávez y sus gobiernos satélite, aún está vigente. La demagogia y las políticas subsidiarias sustentan a regímenes mediocres y autoritarios, Bolivia es un ejemplo de eso. En el país, desde hace 14 años + 1= 15, se ha formado una nueva capa social flotante, pendular, politiquera y zángana, son los ninis: ni trabajan, ni son profesionales, ni pagan impuestos.
Viven del empoderamiento minúsculo que irradia el poder del gobierno y del Estado a través de sus tentáculos burocráticos y corruptos, es una capa social inerte, una masa que actúa como escaparate y escudo para proteger la cueva de Alí Babá. Siempre están dispuesto a morir por el mandamás y conservar su tajada de poder y el dinerito fácil.
El derrotero de Latinoamérica es oscuro y sin un proyecto sustentable. La piedra de Sísifo rueda eternamente. El rediseño del nuevo mapa político es desalentador.
¡Una brújula para América Latina!, urgente.
El autor es comunicador social
Columnas de RUDDY ORELLANA V.

















