Leonardo Loza, más allá del bien y del mal
Leonardo Loza no llegó a la Gobernación como un líder independiente y como un librepensante: llegó como la voz y la voluntad de Evo Morales en Cochabamba.
Sin rodeos ni matices, su papel se perfila desde el inicio como un tanque de oxígeno para el MAS, antes que el de un gobernador con agenda propia. No hay indicios de ruptura, ni siquiera de matices. Lo que se proyecta es continuidad, disciplina cerrada y una línea política vertical que no se discute, se acata.
Desde el inicio, las señales fueron claras. La decisión de invitar a embajadores de Irán y Rusia no fue un gesto protocolar inocente ni una casualidad diplomática. Fue, ante todo, una decisión política personal de Evo Morales. Y, como tal, politizó un escenario que no tenía por qué serlo. La presencia de esos actores no solo generó incomodidad, sino que se sintió como una afrenta a Cochabamba y a su institucionalidad departamental. No fue un acto de apertura al mundo, sino una demostración de poder simbólico en un territorio que hoy se disputa narrativa y control.
No es un detalle menor. Cuando se decide quién se sienta a la mesa, también se define el tipo de mensaje que se envía. Y aquí el mensaje fue inequívoco: la Gobernación puede convertirse en una extensión de un proyecto político mayor, incluso por encima de los equilibrios institucionales y del respeto a las sensibilidades locales. Cochabamba no necesitaba ese gesto. Cochabamba necesitaba certezas, gestión, señales de estabilidad.
En ese contexto, Loza aparece como una pieza funcional. No tanto por lo que hace, sino por lo que permite. Su figura le da aire al MAS desde la Gobernación, en un momento en que el instrumento político necesita recomponerse, replegarse y, sobre todo, resistir. La pregunta inevitable es si esa Gobernación terminará convertida en un brazo político del MAS y, más específicamente, en una plataforma para Evo Morales. No sería la primera vez que una institución pública se utiliza como trinchera partidaria, pero sí sería una señal preocupante de regresión.
Hoy por hoy, la Gobernación de Cochabamba y la figura de Loza parecen ser los dos puntales sobre los cuales se sostendrá un Evo acorralado, confinado en su cueva del Chapare. Un Evo que, aun en repliegue, conserva capacidad de influencia, estructura territorial y una lógica de poder que no se desactiva fácilmente. Y si algo ha demostrado el MAS a lo largo del tiempo es su capacidad para operar por debajo de la superficie, para avanzar sin hacer ruido, incluso a costa de los intereses regionales. Cochabamba ya conoce esa historia: sacrificios silenciosos, crisis postergadas, necesidades relegadas, decisiones tomadas lejos de la gente.
Entonces surgen las preguntas incómodas, las que realmente importan. ¿Se hablará de autonomías reales? ¿De desarrollo sostenible más allá del discurso? ¿Habrá espacio para la participación de la empresa privada, de los emprendedores, de capitales extranjeros? ¿Se pondrán sobre la mesa temas urgentes como salud, educación, desarrollo agropecuario, equidad de género? ¿O todo quedará subordinado a una lógica de control político y disciplina partidaria?
Y más aún: ¿se encarará de frente el desafío ambiental? ¿Se desintoxicará el Chapare, no solo en términos ecológicos, sino también simbólicos? ¿Se le quitará ese rojo que hoy remite a peligro, inseguridad y muerte? ¿Se incentivará el turismo, especialmente en las provincias, garantizando seguridad ciudadana, jurídica y económica para invertir sin temor a bloqueos, agresiones, cercos o paros que asfixian a la región? Porque sin seguridad no hay inversión, y sin inversión no hay desarrollo. Esa ecuación es simple, pero parece ignorarse con demasiada frecuencia.
También está el tema de la institucionalidad. Gobernar no es solo administrar recursos; es generar confianza, respetar normas, construir futuro. ¿Habrá transparencia? ¿Habrá rendición de cuentas? ¿Se fortalecerán las instituciones o se las utilizará como herramientas de conveniencia política? Cochabamba no puede darse el lujo de retroceder en ese terreno.
Esos no son retos para Loza. Son obligaciones que se deben cumplir. La vara no está en lo que prometa, sino en lo que logre. Y, sin embargo, cuesta creer que haya margen para una gestión verdaderamente independiente. Todo indica que Cochabamba podría volver a fojas cero, como se dice en términos jurídicos. Volver a empezar, pero no desde la renovación, sino desde la repetición de errores conocidos.
Porque, en el fondo, la duda no es sobre la capacidad técnica de Loza, sino sobre su margen de decisión. No parece un actor dispuesto a gobernar al margen de lo que dicte su jefe político. A diferencia de Andrónico Rodríguez, que en su momento marcó distancia y se permitió decir no al verticalismo del masismo, Loza aparece más bien como lozano en otro sentido: dócil, obediente, alineado. Alguien que ha declarado incluso estar dispuesto a dar la vida por Evo. Y esa frase, lejos de ser anecdótica, define una forma de entender la política: como lealtad personal antes que como servicio público.
Y ahí radica el problema. Cuando la lealtad personal se impone sobre la responsabilidad pública, la política deja de ser un espacio de construcción colectiva y se convierte en un ejercicio de subordinación. Se gobierna para alguien, no para todos. Se decide en función de una línea, no de una necesidad.
El riesgo es claro: una Gobernación que, en lugar de liderar, obedece; que, en lugar de abrir, cierra; que, en lugar de proyectar futuro, administra tensiones. Y en ese escenario, Cochabamba pierde. Pierde tiempo, pierde oportunidades, pierde rumbo y progreso.
Amanecerá, y veremos, dice el dicho. Pero por ahora, más allá del bien y del mal, Leonardo Loza parece ser menos un gobernador y más un puente, una ventana abierta para que la nariz de Evo se perfile e inhale un poco de oxígeno, o mucho. Un canal por el que podría navegar con cierta tranquilidad.
Y Cochabamba, una vez más, el territorio donde se juega algo que la supera. Una región que espera respuestas, pero que podría encontrarse, otra vez, con silencios.
El autor es comunicador social
Columnas de RUDDY ORELLANA V.
















