
LA LUZ Y EL TÚNEL
Cuando el ministro de Economía clama —con ecos casi bíblicos— que la economía del país “crecerá en demasía si se eliminan las trabas internas”, hay que estar alerta.
Y es que, debajo de la cuasi promesa del ministro (“podemos crecer inclusive más de lo necesario”) late un profundo grado de angustia, que se disimula tratando de hacer pasar su lista de deseos de Navidad como algo razonable y simple, con lo que se arma una tragicomedia noticiosa en medio del lluvioso verano (sin intervención, ni lejana, Shakespeare).
El aprendizaje que deja el bloqueo nacional de rutas —no resuelto, sino en suspenso parcial y condicional— es rico y profundo, pero es, ¿cómo negarlo?, endemoniadamente costoso.
“Ol in” (en inglés all in), así suena, aproximadamente, la expresión de un jugador de póker, cuando apuesta todas las fichas que tiene, en la ronda decisiva. Si gana su capital se duplica, si pierde, queda fuera.
Una de las distancias que separan las prácticas de la primera parte del régimen con la actual es la gran disposición de Morales Ayma por expresarse abierta y largamente, que contrasta con la parquedad del actual presidente. En uno de sus últimos arranques de locuacidad, Morales ha defendido, desde su radio la última gran quema anual con que se aplican y celebran las leyes y decretos que nos dejó su administración, abriendo nuestro territorio al fuego.
Aparentemente no son muchos quienes detectan una relación directa entre la crisis política de octubre-noviembre de 2019 y la extensa quema de nuestros bosques, desde agosto de ese año.
Es verificable, comprensible e irrebatiblemente justificada la huella de satisfacción y arrobamiento que la prolongada sucesión de triunfos pintó tantas veces en las expresiones, sonrisas y miradas de los que se hicieron cargo de la conducción política del país desde el 23 de enero de 2006. Verdadero éxtasis y ensoñación.
Es forzoso reconocer que los personajes que copan la escena política boliviana sobrepasan cualquier marca previa por su capacidad de permanecer impermeables a las necesidades y expectativas de la sociedad, enfrascados como están, a tiempo completo, en desplegar el actual y preparar el siguiente episodio de su espectáculo.
En los últimos días se ha producido un intercambio de mensajes entre el expresidente Morales y su afortunado sucesor, Arce. Como una cruz, o una espada, clavada en la puerta del inminente congreso que se inaugurará en Lauca Ñ, el jefe del MAS, de las seis federaciones del trópico, ha lanzado como exorcismo o amenaza la sentencia que degrada al actual presidente al menguado papel de cajero, de su gabinete, negándole la condición de ideólogo de las políticas económicas de 2006 a 2014.
Con lentitud que empieza a quebrarse, por decisión de un puñado de comunicadores y profesionales, un par de medios y unos pocas legisladores, Santa Cruz empieza a enterarse de la maraña de intereses, juegos políticos y apuestas millonarias escondidas detrás del aparentemente rutinario choque entre el gobierno central y la gobernación departamental sobre el trazo de la ruta Tres Cruces-Buena Vista, visibilizado por un minoritario pero implacable bloqueo caminero que paralizó el movimiento en la principal ruta económica del país.

