
LA LUZ Y EL TÚNEL
Con la calidad de consejeros de los que se ha rodeado el jefe del Gobierno, es muy probable que al enterarse de que el vicepresidente del Movimiento Al Socia-lismo (MAS) ha afirmado, hace poco, que su partido “ya no pedirá cambio de mi-nistros”, le hayan dicho que puede respirar tranquilo —al menos por un tiempo y por un tipo de asuntos—.
Con tono teatralmente alarmado, el ministro de Justicia advierte que “el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) puede suprimir la elección de voto popular para los comicios judiciales”. Tanta simulación de quien ha demostrado que puede dar órdenes al TCP disfraza, apenas, una amenaza/invitación a la oposición parlamentaria, anunciándole que, si no apoyan a sus candidatos para la elección judicial, el TCP podría dar un nuevo golpe de Estado, “tumbando” la elección popular de magistrados.
Una serie de profetas, cada cual, con peor o mejor predicamento, vienen anunciando la caída, cierre o clausura de la globalización (o mundialización como prefieren los franceses). Durante varios años y, con particular insistencia, desde la explosión de la pandemia de Covid-19, seguida por los ataques y restricciones de la guerra comercial de EEUU contra China y, ahora, con la invasión rusa a Ucrania, los augures del final de la globalización se han multiplicado, expresando gozo, pesar o miedo, según la inclinación de cada uno.
Estos días en que el expresidente Morales ha borrado públicamente a Álvaro García de su lista de incondicionales, provocando la dolorida queja de su acompañante de momentos de éxtasis y de fugas angustiadas, se prestan para reflexionar acerca de cómo usamos cotidianamente las palabras bien y mal.
Resulta curioso el desconcierto que impide a la oposición política boliviana, desde hace más de dos décadas, entender y actuar frente al esquema de poder que rige el funcionamiento del Movimiento al Socialismo (MAS). Esa perplejidad proviene de un punto ciego más profundo y oscuro que es su desdén y subestimación permanente por las grandes masas bolivianas, obstaculiza su capacidad para actuar en la fase de descomposición de los modelos económico y político del régimen, a los que reduce a un supuesto modelo populista.
Cuando, hace un mes, publiqué un artículo en el que señalaba que los políticos profesionales —sean de partidos, o dirigentes de cualquier laya que se eternizan en cargos que les permiten ejercer poder— se han convertido en un peso muerto que corrompe y hunde la vida democrática del país y genera situaciones que amargan nuestra vida en los más diversos espacios y planos, volvieron a alzarse voces que abogan por esta colorida y ponzoñosa colección, justificándola como imprescindible para la democracia y el Estado de derecho.
El largo feriado bailable no ha aliviado ni un poco la crispación política ni el nerviosismo oficial sobre los baches e incertidumbres que atraviesan y se ciernen sobre la economía del país. Tal fragilidad de ánimo se debe a que la imagen, justificación y sentido existencial de este gobierno dependen de la inamovilidad del precio local del dólar y la estabilidad financiera, en grado mayor que el de sus predecesores y engendradores, de modo que cualquier señal que perturbe esas aguas convoca a los más terroríficos demonios de su imaginario.
El largo feriado bailable no ha aliviado ni un poco la crispación política ni el nerviosismo oficial sobre los baches e incertidumbres que atraviesan y se ciernen sobre la economía del país. Tal fragilidad de ánimo se debe a que la imagen, justificación y sentido existencial de este gobierno dependen de la inamovilidad del precio local del dólar y la estabilidad financiera, en grado mayor que el de sus predecesores y engendradores, de modo que cualquier señal que perturbe esas aguas convoca a los más terroríficos demonios de su imaginario.
No deja aún de sorprenderme la importante cantidad de personas que dan por hecho que las rudas y crecientes disputas de dirigentes del MAS no serían más que una teatralización pactada para desconcertar a bobos y que será descartada, cuando llegue la hora electoral.
La discusión sobre el daño que causa a la oposición partidista la repentina oleada represiva, inaugurada el 28 de diciembre con la captura del Gobernador de Santa Cruz, hace perder de vista que las mayores averías de esa táctica caen y se acumularán sobre la gestión del régimen y particularmente sobre su joya más preciada y promocionada, la política económica.

