
LA LUZ Y EL TÚNEL
El triunfo del Movimiento al Socialismo (MAS) en las elecciones nacionales de 2014 le permitió sumar a su férreo control del Ejecutivo, dos tercios de los legisladores y con ello la elección de los candidatos a las elecciones judiciales de 2017. Ese control del Legislativo tenían que agradecerlo a la oposición que les obsequió la plaza, al no asumir que aquel era el campo real de disputa en ese momento.
Es probable que no lleguemos a conocer los nombres de los inventores del monstruo que acaba de aplastar a su padre formal, el señor Juan Evo Morales Ayma, al arrebatarle la titularidad de la sigla del MAS.
Hasta hace poco todavía se podía especular con criterio electoral: “Después del MAS, el MAS”. Desgarrado y pringado, perdiendo inclusive su sigla tradicional, podía imponerse en una segunda vuelta, inclusive si en la primera resultaba derrotado ampliamente, supongamos, por una inverosímil coalición de sus principales adversarios. Su base social era capaz de rescatarlo. El bloqueo obstruye esa variante.
El pliego reivindicativo de los bloqueos de ruta iniciado la segunda semana de octubre puede resumirse en tres demandas: subordinación general al jefe del MAS, fuego forestal ilimitado y garantías plenas de impunidad.
La nueva ronda de ataques entre la fracción opositora y la progobiernista del MAS ha pegado un brinco con la aplicación de las medidas de disciplinamiento judicial aplicadas por el grupo de Arce Catacora contra su exmentor, Juan Evo Morales Ayma.
Se llama millennials a los nacidos entre 1982 a 1994 y son parte de las generaciones de nativos digitales con las que todos hemos ingresado en la era de la Inteligencia Artificial. En estos días de la segunda (¿o tercera?) ofensiva final del MAS opositor, encarnada en la marcha que partió de Caracollo, un pequeño grupo de políticos millennials se asoma la posibilidad de ocupar un sitio central en los acontecimientos.
El tiempo de la queja, la denuncia y las lamentaciones ha vencido. La siniestra masa de humo y hollín, pesada como garra de plomo, que se cubre los cielos de Bolivia, Paraguay, parte del Brasil y avanza sobre la Argentina, no deja espacio a las dudas.
Estamos contemplando como revientan las costuras de la última estafa contra la sociedad, planeada y ejecutada por los operadores estatales, bajo máscaras de diálogo y referendo.
En los años noventa del siglo anterior se expresaba una pugna entre la triunfante embestida neoconservadora y la resistencia social que se le opuso. En el primer bando los gobiernos del MIR-ADN, luego el del MNR y, por último, nuevamente ADN-MIR y aliados varios, recogieron el legado que impuso el movimientista, encabezado por Víctor Paz con su paquete de ajustes y reformas de 1985.
Entre atascados y ofuscados, los masistas gobiernistas —ante el gozo mal disimulado de los masistas opositores y los demás— muestran que no tienen pistas sobre que hacer ante el pantano económico que han creado por años y la asfixiante falta de monedas extranjeras, para importar los muchos bienes que demandamos y no producimos.

