
LA LUZ Y EL TÚNEL
El 29 del pasado mes de enero, cuando el expresidente de mayor permanencia en la conducción del Estado rescató y alabó a su más inmediato colaborador y acompañante, su vice durante 14 años, por lo que considera su máxima virtud, su lealtad hacia el jefe, resumió con ese juicio los reales límites y posibilidades de lo que ha sido para la conducción del MAS el “proceso de cambio” o la “revolución cultural democrática”.
La novedad vigente nació como consecuencia de una rabiosa disputa conyugal que puso en vitrina la contratación de personal que no trabaja en la municipalidad de Santa Cruz de la Sierra, pero que figura en planillas y recibe una fracción de su salario nominal, lo que reitera la experiencia de una sociedad (la boliviana) burlada y esquilmada por quienes dicen ser sus servidores.
Si realizando un ejercicio —reconozco poco práctico pero, eventualmente esclarecedor— uno se pregunta ¿Cómo serían hoy las cosas si, la noche del 5 de noviembre de 2019, cuando el entonces presidente del Comité Pro Santa Cruz llegó a La Paz trayendo una carta de solicitud de renuncia de Morales Ayma, este último, en vez de ser representado por un rabioso grupo que fue a hostigarlo en el aeropuerto, hubiese ordenado que se lo reciba cordialmente, como la ley obliga a atender una petición ciudadana?
Aproximadamente a la misma hora en que miles de personas están revisando periódicos en busca de las noticias del día, unos cientos de militantes afines al Gobierno, están preparándose en una localidad altiplánica, distante a unos 180 kilómetros de la sede de gobierno, para iniciar una marcha encabezada por el presidente y vice actuales. El animador principal y convocante es quien nos gobernó de 2006 a 2019 y quiere, con su caminata de una semana, demostrar que apoya a sus colegas y no pretende desbancarlos antes de tiempo.
Las tropas desplegadas en las capitales de departamento marcharán exhibiendo armamento solo apto para enfrentar a ciudadanos desarmados, mientras los comandos civiles que secuestran y amedrentan a tiros continuarán actuando impunes, como homenaje al primer año del retorno del MAS al gobierno.
Peculiar forma de festejo la decidida por la dupla que encabeza el Ejecutivo, cuyo primer tramo de gestión será recordado por la infinita devoción dedicada a rescatar y enmendar la imagen de su caudillo, Morales Ayma.
Los amos del poder político no terminan de enterarse de que nuevos vientos corren, desde el momento en que cocaleros yungueños hicieron retroceder a las tropas policiales que, cotidiana e infaltablemente, enviaba el Ministerio de Gobierno, para mantener la usurpación del mercado de coca en manos de los dirigentes aliados al bando oficial.
Uno de los mayores fracasos —maldición dirán algunos— en la vida de una persona es terminar haciendo exactamente lo contrario de lo que predica o de la imagen de sí mismo que busca proyectar. En ese plano, quedan pocas dudas de que el vice Choquehuanca dedica grandes esfuerzos por diferenciarse del exvice García; tantos que probablemente considere una injuria mayor comprobar que, salvadas todas las diferencias y distancias, sus obras y acciones se asemejan crecientemente a las de su predecesor.
Existe un contraste excesivo entre los optimistas pronósticos económicos del Gobierno y las medidas prácticas que adopta e impulsa. Los mayores desencuentros entre expectativas y hechos se encuentran en la escala y origen de la deuda pública y en la magnitud presente y la proyección de los ingresos nacionales.
La deliberada intención de aplastar y causar dolor, selectiva en principio, ha sido característica temprana del régimen, y la aplica a individuos y poblaciones, igual que a la Naturaleza, a la que canta loas jurídicas, pero se esfuerza en devastar bajo la coartada de generar desarrollo.
Conocida la Opinión Consultiva de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), colocar el énfasis en demandar juicios que deberían afrontar los autores materiales e intelectuales de la sentencia que autoriza la reelección continua tiende a repetir un ciclo estéril y vicioso.

