
DEBAJO DEL ALQUITRÁN
La crisis económica se agudizó en sumo grado en 2024. Sobre todo en el último semestre. Sin citar cifras, esto se observa, material y objetivamente, en las calles. En las cada vez más numerosas marchas de protesta por el encarecimiento de la canasta familiar, en las enormes filas por combustible y en las caóticas filas para la compra de productos básicos, como aceite y arroz.
La división del Movimiento al Socialismo (MAS) y la disputa por su sigla, la profundización de la crisis económica, la ingobernabilidad legislativa, las elecciones judiciales, el manejo del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) y la tendencia fraccionaria de la oposición tradicional; han sido los temas que han cobrado relevancia y marcado la agenda política en el año que se va.
Todo parece indicar que estamos llegando al final de la disputa —mejor dicho, guerra— por el control de la sigla, en el seno del Movimiento Al Socialismo (MAS), entre los dos bloques: el ala “radical” evista versus el ala “renovadora” arcista.
Hay un principio de economía fundamental que se aplica en las personas, las familias, las empresas y los Estados: “Nunca gastar más de lo que tienes”. Es una regla básica, para asegurar, sobre todo, estabilidad económica. Este principio proviene de enseñanzas y experiencias comunes. Esta regla básica responde también a un instinto natural que poseen, en menor o mayor medida, los seres racionales, plasmada en el concepto neoclásico de homo economicus.
Sin lugar a dudas, la indiscriminada emisión inorgánica de billetes es, en sumo grado, peligrosa debido a que inexorablemente nos conduce, no solo a la inflación, sino a la hiperinflación. Y, como sabemos, la inflación vuelve más pobres a los pobres, por la significativa pérdida del poder adquisitivo. Sin embargo, los efectos de la hiperinflación son más espantosos: condena a millones de personas a la miseria y, a gran parte de estos, a la miseria absoluta.
Dada la guerra interna y la fractura del Movimiento al Socialismo (MAS), no cabe duda de que las circunstancias son considerablemente inmejorables para que por fin la oposición, después de casi 20 años de hegemonía del partido de gobierno, pueda desplazarlo del poder.
En esa repugnante querella por la candidatura y el control de la sigla, que no tuvo salida por las vías democráticas, y por ello trasladado a las calles, todo indica que la guerra al interior del Movimiento Al Socialismo (MAS) está ingresando a la última batalla.
Como había subrayado en una columna publicada a principios de año, la disputa por la candidatura y el control de la sigla del Movimiento Al Socialismo (MAS) se trasladaría a las calles, en la medida en que no existan otras opciones o salidas. Las calles, entonces, se constituirían en la última posibilidad de imponer la candidatura de Morales con marchas y bloqueos.
En esta coyuntura histórica urge, y es crucial, para el futuro de las próximas generaciones, salvar a Bolivia de Morales.
El infortunio de Bolivia con sus gobernantes es un rasgo esencial de nuestra historia. Entre esos males gobernantes, sin embargo, el más nefasto fue Evo Morales. Es también, vean el infortunio, el que más tiempo permaneció en el poder. Después de los últimos episodios donde se lo involucra en actos pervertidos y sombríos, es de terror pensar que vuelva al poder.

