
DEBAJO DEL ALQUITRÁN
El 2025 quedará registrado en la historia política reciente de Bolivia como un año de grandes sorpresas. Al ser un año plenamente electoral, los resultados reconfiguraron el escenario político después de 20 años de absoluta hegemonía del Movimiento al Socialismo (MAS).
Los resultados rompieron los pronósticos y surgieron actores impensados, alterando profundamente el mapa político.
La eliminación de la subvención a los combustibles, dispuesta mediante el Decreto Supremo 5503 del 17 de diciembre, marca un hito histórico. No se trata de una decisión sorpresiva ni improvisada, sino del desenlace inevitable de un modelo económico perverso que dilapidó el excedente del ciclo económico de mayor prosperidad.
Ese fue el título que había sugerido, en una columna hace diez años, a la abominable administración y repartija de recursos del Fondo Indígena (Fondioc), entre dirigentes de los “movimientos sociales”, bajo la dirección política de Evo Morales. Ellos son los autores intelectuales y materiales del mayor desfalco fiscal que conoce la historia.
En una columna, hace 10 años (Los Tiempos, 28 de octubre de 2015), sostuve que el tan mentado “proceso de cambio”, liderado por Evo Morales y el Movimiento al Socialismo (MAS), era puro teatro pues detrás del telón, había una voraz elite cleptocrática que, con el discurso izquierdista, nacionalista e indigenista, robaba a cuatro manos.
El fin de funciones de los “magistrados prorrogados” del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP), consumado con la posesión de la nueva presidenta, la Dra. Paola Prudencio, es sin duda un punto de inflexión. Parece que, se pone fin a décadas de una justicia sometida vilmente al poder político.
En el acto de posesión, la flamante presidenta del TCP afirmó que “la justicia ya no será un instrumento del poder”, cerrando así “una de las páginas más oscuras de la historia del Órgano Judicial”.
Desde el 2019, en Bolivia se ha instalado una intensa pugna entre dos relatos. Por un lado, los que sostienen que, la crisis y posterior renuncia de Morales fue un golpe de Estado, Por el otro, los que defienden la tesis de que en las elecciones de octubre de ese año, en el conteo de votos hubo un escandaloso fraude, cuyo rechazo derivó luego en 21 días de bloqueos y conflictos, con el desenlace ya conocido.
Uno de los principales desafíos que enfrenta el flamante presidente Rodrigo Paz, es controlar y anular a Evo Morales, que comenzó a conspirar contra el nuevo Gobierno desde el mismo 8 de noviembre. En palabras Jaime Paz, el expresidente y padre de Rodrigo, Evo, comenzó a desestabilizar incluso antes de la posesión.
Evo, en su enfermiza lucha de habilitarse como candidato para recuperar el poder que gozó, “como un Rey”, durante 14 años, dividió a su partido y al bloque popular, propiciando el retorno de la “derecha”.
Durante las dos décadas del régimen masista, las denominadas “organizaciones sociales” han tenido, a través de sus dirigentes, una presencia política de primer orden en todos los órganos de poder del Estado.
Con el cambio de Gobierno, este estilo prebendal-corporativo de ejercicio y reproducción del poder llega a su ocaso. En 20 años, la cúpula del partido azul, había afianzado su poder sobre la base de alianzas estratégicas, con los dirigentes de estas organizaciones sindicales, también, llamadas “movimientos sociales”.
Durante los veinte años del régimen masista la política exterior estuvo extraviada, atrapada en laberintos ideológicos, muy lejos del interés nacional. El desorden y la improvisación fueron la regla, no la excepción. La diplomacia dejó de representar al Estado, poniéndose al servicio del dogma.
Rodrigo Paz, presidente electo en segunda vuelta, con los votos “nulos” de Evo Morales, tiene, de cara a su gestión de los próximos 5 años, un gran dilema: aceptar la ayuda ofrecida por Estados Unidos o proteger a Evo Morales.
El triunfo de Rodrigo, no cabe duda, fue impulsado por el “voto duro” de Morales. Fueron cerca de 1.300.000 votos que, en la segunda vuelta, se volcaron a favor del binomio Paz-Lara. Número suficiente, si añadimos a esa cifra, la votación inicial obtenida por el candidato del partido Demócrata Cristiano (PDC).

