
DEBAJO DEL ALQUITRÁN
Finalmente, el sueño de Evo Morales, que no lo dejó en paz y lo persiguió sin tregua, de estar en la papeleta electoral en los comicios del 17 de agosto, no se ha cumplido. Este desenlace tiene varios episodios, no es un hecho aislado. Es el resultado de un entramado de decisiones, conflictos internos, presiones jurídicas, disputas estratégicas y quiebres de poder.
En este bicentenario de la independencia estoy seguro que es poco lo que tenemos que celebrar. Más que festejar, creo, que debemos reflexionar sobre nuestra dramática realidad.
Nuestra historia no es muy feliz y podría ser resumida, como sostuve en una anterior columna, en cuatro palabras: odio, saqueo, corrupción y despilfarro.
Alentados por el odio y resentimiento, hemos vivido, casi siempre, étnica y regionalmente, enfrentados y divididos.
Algunos candidatos, tanto del campo opositor como del campo masista, se enfrascan en bizantinas discusiones sobre el fin del Estado Plurinacional y el retorno del Estado Republicano. Como sostengo en el título, ese debate, cargado de mucha demagogia, es falso.
Ciertamente, cuando nos referimos al Estado Plurinacional y al Republicano, hablamos de sus textos constitucionales que, en ningún caso, son diametralmente opuestos, como desde un inicio se ha pretendido posesionar en el imaginario popular.
Las cinco encuestas de intención de voto, autorizadas y supervisadas por Tribunal Supremo Electoral, publicadas hasta la fecha, pronostican ese final. En la última, a casi 30 días de la elección, los tres candidatos del bloque de “izquierda”, Andrónico Rodríguez, Eduardo del Castillo y Eva Copa, juntos, no alcanzan ni al 12%.
Todo parece indicar que, luego de los comicios del 17 de agosto, la segunda vuelta será inevitable. Lo que aún no se vislumbra es: entre quiénes. La última encuesta difundida por la Red Uno, nos muestra una final con dos candidatos de oposición, de la derecha, como dicen algunos. En los todavía un poco más de 30 días que aún faltan, esto podría variar sustancialmente.
De darse esa segunda vuelta, en función de las tendencias, se pueden proyectar tres escenarios.
Las urnas, en procesos electorales, se convierten en el escenario central de la disputa por el poder. En ese escenario, las encuestas se constituyen en importantes herramientas para medir las preferencias electorales en momentos previos al proceso. A los políticos les ayudan a tomar decisiones, modificar estrategias y corregir errores. A los electores, a decidir su voto.
En los últimos tiempos, dos cosas han sido funestas y han provocado terribles e irreparables daños al país. Me refiero a la reelección y a los bloqueos. Ambos problemas, por la magnitud de los daños ocasionados, necesitan ser eliminados, ya sea a través de una reforma parcial de la constitución o leyes exprofesas que los prohíban definitivamente.
La frase, que seguramente será añadida a la lista de Evadas, le pertenece al enfermo de poder que eternamente quiere ser candidato. La expreso en la evaluación del último bloqueo de carreteras que protagonizo en octubre del año pasado, cuando reclamaba a sus bases, obligadas a bloquear, por exigir apoyo logístico y viáticos para movilizarse.
El afán reeleccionista, provocada por la enfermedad del poder, que adolece el expresidente Morales, ha causado enormes daños al país, en todo orden. Si tomamos en cuenta todo lo que ha provocado esa enfermedad, desde el incumplimiento de los resultados del 21F, hasta las últimas protestas, marchas y bloqueos; el daño es de gran magnitud.
Cuando el país esperaba que, a partir del 19 de mayo, fecha límite de inscripción de candidatos, se iba a ingresar a la fase de revisión de requisitos; se ingresó más bien a una insólita fase de maniobras y artimañas legales, con las que se pretenden eliminar, en mesa, a los adversarios potenciales, cancelando sus siglas.

