
DEBAJO DEL ALQUITRÁN
La decisión de reconducir con el debido proceso los casos de Jeanine Áñez, Fernando Camacho y Marco Pumari, “presos políticos” del régimen masista, da lugar a interpretar que el Órgano Judicial estaría recuperando su independencia.
Como consecuencia de los resultados del 17 de agosto, Bolivia ingresa en un escenario político-electoral inédito. Por primera vez, después de cinco elecciones, el poder no se define en primera vuelta. El resultado obliga a un histórico balotaje, que enfrentará a Rodrigo Paz y Tuto Quiroga en duelo directo.
El 17 de agosto dejó una sorpresa que ningún analista había previsto: Rodrigo Paz terminó primero en las urnas, cuando las encuestas lo ubicaban en el tercer lugar. Una semana antes, nadie se atrevía a imaginarlo. ¿Cómo se explica que, de un 9% en intención de voto, saltara al 31%, desplazando a los favoritos?
Ciertamente, para el análisis, debemos partir de las cifras de las encuestas, más allá de todos los cuestionamientos. Son las únicas referencias.
Finalmente, el sueño de Evo Morales, que no lo dejó en paz y lo persiguió sin tregua, de estar en la papeleta electoral en los comicios del 17 de agosto, no se ha cumplido. Este desenlace tiene varios episodios, no es un hecho aislado. Es el resultado de un entramado de decisiones, conflictos internos, presiones jurídicas, disputas estratégicas y quiebres de poder.
En este bicentenario de la independencia estoy seguro que es poco lo que tenemos que celebrar. Más que festejar, creo, que debemos reflexionar sobre nuestra dramática realidad.
Nuestra historia no es muy feliz y podría ser resumida, como sostuve en una anterior columna, en cuatro palabras: odio, saqueo, corrupción y despilfarro.
Alentados por el odio y resentimiento, hemos vivido, casi siempre, étnica y regionalmente, enfrentados y divididos.
Algunos candidatos, tanto del campo opositor como del campo masista, se enfrascan en bizantinas discusiones sobre el fin del Estado Plurinacional y el retorno del Estado Republicano. Como sostengo en el título, ese debate, cargado de mucha demagogia, es falso.
Ciertamente, cuando nos referimos al Estado Plurinacional y al Republicano, hablamos de sus textos constitucionales que, en ningún caso, son diametralmente opuestos, como desde un inicio se ha pretendido posesionar en el imaginario popular.
Las cinco encuestas de intención de voto, autorizadas y supervisadas por Tribunal Supremo Electoral, publicadas hasta la fecha, pronostican ese final. En la última, a casi 30 días de la elección, los tres candidatos del bloque de “izquierda”, Andrónico Rodríguez, Eduardo del Castillo y Eva Copa, juntos, no alcanzan ni al 12%.
Todo parece indicar que, luego de los comicios del 17 de agosto, la segunda vuelta será inevitable. Lo que aún no se vislumbra es: entre quiénes. La última encuesta difundida por la Red Uno, nos muestra una final con dos candidatos de oposición, de la derecha, como dicen algunos. En los todavía un poco más de 30 días que aún faltan, esto podría variar sustancialmente.
De darse esa segunda vuelta, en función de las tendencias, se pueden proyectar tres escenarios.
Las urnas, en procesos electorales, se convierten en el escenario central de la disputa por el poder. En ese escenario, las encuestas se constituyen en importantes herramientas para medir las preferencias electorales en momentos previos al proceso. A los políticos les ayudan a tomar decisiones, modificar estrategias y corregir errores. A los electores, a decidir su voto.
En los últimos tiempos, dos cosas han sido funestas y han provocado terribles e irreparables daños al país. Me refiero a la reelección y a los bloqueos. Ambos problemas, por la magnitud de los daños ocasionados, necesitan ser eliminados, ya sea a través de una reforma parcial de la constitución o leyes exprofesas que los prohíban definitivamente.

