
DEBAJO DEL ALQUITRÁN
El anuncio sobre la fecha de las próximas elecciones presidenciales —17 de agosto 2025—, levanta la bandera de la carrera electoral, en un contexto no sólo de grave crisis económica, sino también de aguda crisis democrática, institucional, ética y moral. El panorama, respecto a un cambio sustancial en la política que recupere la ilusión de los bolivianos, es sombrío.
La grave crisis económica —que fácilmente podría convertirse en una hecatombe— que atraviesa hoy el país, es resultado directo del despilfarro y borrachera, en el manejo y la administración del mayor excedente económico que tuvo la historia de Bolivia. Los graves problemas, que por fin fueron reconocidos, tienen origen en la colosal orgía, por decir lo menos, que hicieron con el excedente. Dilapidaron impunemente.
La disputa por la sigla y la candidatura, en el Movimiento al Socialismo (MAS), que no encontraba salidas en las vías formales, preveía batallas finales en las calles. Los dirigentes del ala radical, hasta el propio Evo Morales, en muchas oportunidades amenazaron con convulsionar el país. La advertencia de un diputado evista, en sentido de que “Bolivia perderá la paz y la tranquilidad si Evo no es candidato”, refleja ese conflictivo escenario.
Cerca del 6 de agosto, más allá del homenaje a esos falsos héroes y falsos patriotas que la historia oficial vanagloria como los artífices del nacimiento de esta singular República, es imprescindible una rigurosa evaluación de lo que han hecho con Bolivia en estos 199 años.
El miedo, desde siempre, ha sido una eficaz herramienta del poder. Su utilización es clásica, sobre todo, en regímenes autoritarios. En política, es un instrumento frecuentemente apelado para lograr control, obediencia y dominación. El miedo, como emoción compleja, que se expresa en varias facetas, impacta significativamente en la vida de los hombres.
Las primarias, como evento electoral previo y vinculante, para elegir las candidaturas de los binomios presidenciales al interior de las fuerzas políticas, ha cobrado particular relevancia, a partir de la decisión de la Cumbre Multipartidaria de suspenderlas. En el encuentro de jefes y representantes de 11 partidos políticos y dos agrupaciones ciudadanas, se arribó a ese acuerdo. Evo Morales no suscribió la “Declaración por la Democracia”, pues proclama una postura totalmente contraria. Quiere elecciones primarias cerradas.
Los resultados de la cumbre multipartidaria, aun cuando solo en el papel, habrían dado cierta certidumbre a los dos próximos y trascendentales procesos electorales. Las fuerzas políticas, así como los representantes de los poderes públicos del Estado, se comprometieron, en el acuerdo, a garantizar las elecciones judiciales y las elecciones generales de 2025, dejando en statu quo las elecciones primarias.
Hay, ciertamente, varias hipótesis en relación a lo sucedido la tarde del 26 de junio de 2024. En tres horas y media, termina lo que se inició con “movimientos irregulares de tropas”, la toma del palacio de gobierno, la posesión del nuevo alto mando militar y la instrucción de retiro de tropas de la plaza Murillo, del flamante comandante general.
Hay, ciertamente, una extrema propensión a relacionar los ajustes y equilibrios en la economía, ideológicamente, con la derecha neoliberal.
Esta concepción, estrictamente dogmática y teológica, riñe con la razón y el conocimiento. Entiendo que, cuando la economía está quebrada -pues, durante mucho tiempo se gastó más de lo que se tenía-, llega el momento inexorable de hacer ajustes para alcanzar un sano equilibrio en beneficio, sobre todo, de los más pobres.
las crisis económicas —también políticas— conllevan siempre varias fases. Una de ellas, en secuencia continua, es la utilización de ahorros para solventar un nivel elevado de gastos y lograr equilibrio. En este caso, hablamos del ahorro externo, es decir, de las Reservas Internacionales Netas (RIN).

