
DESDE LA TIERRA
Una de las imágenes más grotescas de la huida de Evo Morales, en noviembre de 2019, fue su escondite bajo una carpita lila, acostado sobre una frazada envejecida, en algún lugar de los cocales en el Chapare, al centro de Bolivia.
Con sonrisas y maquetas, el gobierno del MAS presentó una nueva empresa estatal, cuyas características anuncian que no sólo será otro fracaso, sino el más absurdo de los errores. El DS 5040 crea la Empresa Pública Productiva Laboratorio Industria Farmacéutica Boliviana (LIFAB) para producir medicamentos de “base química, natural y tradicional”.
Esta semana, el mundo observó aterrado una serie de imágenes que reflejaban la brutalidad del ataque, reivindicado por Hamas, a distintos objetivos, fundamentalmente civiles, dentro de Israel. La masacre enlutó a cientos de familias. Aparentemente, sorprendió a los sofisticados servicios de inteligencia y de protección israelíes y redobló la sensación de miedo en sus habitantes.
Bert Hellinger describe en sus textos sobre esa moneda que en un lado tiene a la víctima y en el otro al perpetrador o agresor. Las víctimas humilladas y ofendidas pueden eventualmente transformarse en verdugos. Carl Jung aseguraba la tendencia de una cosa para convertirse en su opuesto. Sobre el asunto hay muchos textos. Sin embargo, esta semana cito al periodista ucraniano Vasili Grossman, quien hace 70 años ya describía ese rol perverso del sistema político ruso, que, de víctima de zares y nazis, se convirtió en verdugo de inocentes.
Son tres décadas de la Participación Popular, el programa de gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada que fue la última propuesta coherente para gobernar Bolivia. Esa ley fue el clímax de la acumulación de fortalezas del poder local. Desde 1985 había elecciones municipales, retomando antiguas experiencias y profundizando la flamante democracia.
Las vitrinas en la sala de la casa en la calle Arenales, en el casco histórico cruceño, rebalsan; no hay más espacio. Los libros de arte y de historia boliviana dan campito a los diplomas, las medallas, las condecoraciones, los artículos de prensa, las entrevistas, los regalos, los recuerdos de cuatro generaciones que adoran a Marcelo Araúz Lavadenz.
Su sola existencia es un homenaje caminante a su hogar, Santa Cruz, que esta semana está de fiestas.
Entre los patrimonios intangibles de los que poco se habla o se escribe está el rol de personas nacidas o criadas en Cochabamba, cuyo pensamiento impregnó el desarrollo de la historia política nacional. No solamente por la cantidad de presidentes de Bolivia originarios de ese departamento, sino por el liderazgo que ejercieron desde el siglo XIX.
En estos días de septiembre se multiplican en las redes sociales personales e institucionales los agradecimientos a Noel Kempff Mercado, el profesor que amaba la naturaleza y convirtió a su ciudad en un jardín para alegrar a sus habitantes y a sus visitas.
El florecimiento de los tajibos y alcornoques saluda a la primavera. Kempff tuvo la iniciativa de aprovecharlos para dotar de estética cotidiana al crecimiento de la antigua aldea que se convertía en una gran metrópoli. Al mismo tiempo, organizaba el mejor Jardín Botánico de Bolivia.
Las guerras, las invasiones, los conflictos tienen mayormente dos grupos principales de víctimas, justamente ambos son los que no tienen responsabilidades en esos enfrentamientos: las mujeres y sus hijos, los niños. Si hay imágenes dolorosas de los lugares de exterminio son esos botines de chiquillo, esa muñeca ensangrentada, ese chupón pisoteado o esa mamadera en el bolsillo de una madre fusilada una tarde cualquiera.
Es imposible festejar la victoria del candidato independiente en Guatemala, Bernardo Arévalo, sin recordar el significado de su familia, especialmente de su padre Juan José Arévalo Bermejo. Arévalo y su sucesor Jacobo Árbenz representan el mejor momento de la política de ese país centroamericano en la década de los 50 del siglo pasado.

