35 años de vida democrática
La figura de Hernán Siles Zuazo, el gran actor político del retorno a la democracia, se debe convertir en el ejemplo a seguir.
El 10 de octubre de 1982 ha quedado registrado en la historia del país como el día en que, en forma pacífica pero decidida, Bolivia optó por el sistema democrático de gobierno. Ese día, Hernán Siles Zuazo y Jaime Paz Zamora, que ganaron las elecciones generales de 1980, fueron posesionados como presidente y vicepresidente de la República.
De esa manera comenzó el tiempo de la construcción de una institucionalidad democrática, tras 18 años de Gobiernos militares dictatoriales con cortos interregnos democráticos. Ha sido un proceso complejo, lleno de dificultades porque a la obligación de generar una nueva cultura política de servicio y respeto a los derechos humanos se agregó el desencadenamiento de una de las hasta entonces peores crisis económicas que vivió país, cuyos orígenes se incubaron en las dictaduras.
Sin embargo, pese a las dificultades que se tuvo que enfrentar, la ciudadanía dio claras muestras de apoyar la democracia y presionar para encontrar respuestas democráticas antes que se presentara la tradicional intervención militar como sucedió tantas veces en nuestra historia republicana.
Para ello, fue decisivo el ejemplo de entrega y servicio del expresidente Hernán Siles Zuazo, quien, en un acto de grandeza, aceptó resignar un año de su gestión y adelantar elecciones para que la ciudadanía elija a quien creyera más idóneo para enfrentar la crisis.
En el Gobierno que le sucedió se presentaron dos momentos en que pudo haber una interrupción del proceso democrático. Primero, cuando el Congreso eligió a quien obtuvo el segundo puesto en las elecciones generales y no al que obtuvo el primero, el general Hugo Banzer Suárez, quien respetó la decisión congresal y controló a su militancia descontenta.
En la misma gestión de Víctor Paz Estenssoro, no sin protestas, pero con profunda conciencia de la situación crítica que atravesaba el país, su Gobierno pudo aplicar una drástica reforma económica que otorgó al mercado un papel relevante en una economía tradicionalmente estatista, que se proyectó hasta 1997, cuando, también electoralmente, comenzó un proceso de deslegitimación de esas corrientes en favor de un retorno a una nueva forma de capitalismo de Estado que culminó con el ascenso del actual Primer Mandatario al poder con un programa legitimada por una contundente victoria electoral.
Ahora, en circunstancias en que el sistema democrático enfrenta peligros tan o más grandes que en la década de los 80, es necesario recordar que la ciudadanía ha optado por éste y está resuelta, si nos atenemos a todos los procesos electorales en los que ha participado masiva y activamente, particularmente en el referendo del 21 de febrero de 2016, que lo fundamental es el sistema y sólo a través de él se puede elegir las opciones que mejor crea que servirán al bien común.
En este sentido, valga recordar estos 35 años de vida democrática para exhortar, junto a grandes sectores de la sociedad boliviana, como la Iglesia católica, gremios, partidos políticos y personalidades, la necesidad de que se respete la Constitución Política del Estado y las reglas claras del sistema democrático, dejando de lado ambiciones personales.
Para ello, la figura de Hernán Siles Zuazo, el gran actor político del retorno a la democracia, se debe convertir en el ejemplo a seguir.




















