21 de agosto
El 21 de agosto de 1971, unos tanques y aviones nos atacaron. Yo estaba en el cerro Laikakota. Estábamos con la intuición, más que convicción o fuerza, de defender al gobierno de JJ Torres y así defender el proyecto de una Bolivia libre y soberana. Defendiendo un régimen de izquierdas, que daba la visión y parecía capaz de organizar la revolución con los sindicatos, con los universitarios y con el pueblo organizado.
Nuestras vidas estaban ahí, valoradas en ese proyecto de liberación y justicia social. Nuestras vidas estaban ahí por un ideal, quizá la continuación mas vibrante que siguió, de alguna manera, a la muerte de los compañeros en Teoponte.
Estábamos con las piedras y palos listos, frente a una arremetida fascista. Hugo Banzer no era un santo, era un curtido coronel, odiador empedernido y convencido de que lo único que salvaría Bolivia era la lucha contra los izquierdosos, comunistas y cristianos. Era un militar de esos que no se conmueve con nada más que con los gritos de su pareja.
Es solo una revuelta, dijo JJ Torres. Los Colorados de Bolivia defenderían a capa y metralla a su general Torres. La aviación estaba del lado de su general. Todo estaba claramente solucionado. La revuelta de Santa Cruz del 19 de agosto, sería acallada en un santiamén.
La noche del 20 de agosto, la FUL y el Comité revolucionario nos reunimos con JJ Torres, pedimos que se entregara las armas para defender el proceso de socialización de Bolivia. Torres aseguró que todo estaba bajo control, que la aviación, determinante en casos como este, estaba de su lado.
Salimos de la reunión con la cabeza baja, Torres fue incapaz de entender la magnitud el golpe que se generaba en su contra.
Él juraba que la lealtad militar era su bastión mas importante.
Tenía los tanques de Viacha, tenía la aviación, en sus mas confiables grados, Los Colorados de Bolivia, la 7ma División, todo le daría el triunfo.
Mentira, los supuestos “leales” se “deslealtaron” muy rápidamente, Unos cuantos dólares o algún ascenso mueven militares a diestra y siniestra. Los tanques marchaban sobre La Paz, la aviación se dio la vuelta. Los Colorados solo pudieron dar unos tiros de alerta y fueron acallados.
Todo eso era mentira, JJ Torres estaba viviendo una ilusión. Su ejército ya había sido probado y se sabía de su limitada lealtad, pero JJ no pensaba así, para él el triunfo se mediría de otra manera.
En el Laikatota se defendió, con bala y cuerpo desnudo, un proyecto, y se perdió. Lo que quedó fue la herida abierta y la frustración, otra vez mas, de que la justicia social no llega por la puerta.
Para siempre se quedó el proyecto porque no contó con la visión de futuro. Ese proyecto fue ilusorio y mediocre y de muy corta vida. Ese proyecto llevó a un tirano de primera clase al poder. La derecha se cimentó, no solo en Bolivia sino en el continente. La izquierda se dispersó, la mataron, la hicieron desaparecer, la torturaron en todas las esquinas. La derecha ahora gozaba del poder bajo la metralla asesina de compatriotas. Se anidó a la fuerza y se quedó en contubernio con los partidos tradicionales: MNR y FSB.
Seguimos los acontecimientos, por años la lucha continuaba y continuó. Se llegó donde se debía llegar. Pero, no así, no era el plan. Algo pasó en el camino. La derecha pudo más que los ideales, la derecha supo recuperarse y reinventarse y lanzarse continentalmente.
Después de años: el proceso de cambio. En sus inicios venturoso, sin embargo, su andar tropieza y se cae, sus ideales se tornan equívocos, no se ve la justicia y la libertad como bastiones de construcción de una Bolivia libre y soberana. Se atragantan los discursos, se hacen superficiales y sin compromiso con una lucha por el futuro. La lucha se hace por objetivos específicos y se satisfacen deseos más que ideas. El camino no se allanó ni se hizo menos rocoso.
La democracia ahora sobrevive, con una cojera endémica: la Justicia. Parece un proyecto fallido, sin más luz que la de: “O estamos o no estamos, cuando de verdad sabemos que no estamos como nos dicen que estamos”.
Algo tiene que darse la vuelta. Algo que es fundamental. El hombre nuevo, la justicia social, la salud y la educación universal, siguen estando escondidos a los ojos de los que no vieron jamás lo que costó llegar hasta aquí.
El autor es filósofo y sociólogo
Columnas de CARLOS F. TORANZOS






















