Votar con sentimiento o con la cabeza
Hace siete años, en febrero de 2016, trabajaba aún en el Estado. Y aunque suene difícil de creer, estaba en una entidad que de verdad servía para algo y cumplía su misión no demasiado mal.
Ese mes y año tenía lugar el referéndum sobre la reelección. Así que, sin sorpresa alguna, se “sugirió” a todos los empleados públicos votar por el Sí.
Uno supondría que se forzó de mala manera a los funcionarios a votar a favor de la modificación constitucional.
Y sin embargo... aunque conocí casos de amenazas y advertencias, me temo que los intentos de persuasión fueron bastante más amables e insidiosos... y consiguientemente más eficaces.
Recuerdo que nos convocaron poco antes de la salida, el viernes 19 de febrero. En la reunión nos recordaron, por instrucciones superiores, todo lo bueno que había hecho el MAS por el país y, sobre todo, lo positivo que era tener un trabajo estable y bien pagado en un país donde el empleo formal es un privilegio.
Y no quiero decir en lo absoluto que se tratara de una velada amenaza de despido. Al contrario, de verdad estaban apelando a nuestros mejores sentimientos. Ni resentimiento ni miedo, antes bien lealtad y gratitud.
Ese es un aspecto del éxito político del MAS que se ha estudiado muy poco. Pienso en la gente que vota por ese partido porque le pusieron una canchita cerca de casa, o porque el hijo tuvo un puesto en alguna oficina pública.
Esto es de alguna manera esperanzador, pues hay gente en este país que es fundamentalmente buena. Pero también es triste... la gente espera tan poco, se contenta con tan poco, que los políticos pueden ganarse simpatía y afecto con casi nada.
Creo que muchos colegas de aquella oficina fueron sensibles al argumento y apoyaron la reelección. No quisiera ni puedo culparlos.
Por mi parte, voté con total convicción por el No y lo volvería a hacer. Verán, creo que en estos asuntos lo mejor es votar con la cabeza.
Columnas de ERNESTO BASCOPÉ




















