Tiataco celebra 28 años de la “Fiesta de la Vida y la Muerte”: Tradición, picardía y encuentro en el Valle Alto
En los valles de Cochabamba, la muerte no es un punto final, sino una transición que da paso a la celebración de la vida. Esta dualidad andina cobra su máxima expresión en Tiataco, una comunidad del municipio de Arbieto que, desde hace 28 años, mantiene viva la tradición del Mast’aku (la ofrenda a los difuntos) y la Wallunk’a (el columpio nativo), en una jornada sociocultural que atrae, cada año, a cientos de visitantes.
Este domingo 9 de noviembre, el Bosque de Algarrobos de Tiataco será el escenario de este encuentro que es considerado un acto de resistencia cultural impulsado por los comunarios con el apoyo de las autoridades municipales y departamentales.
El ciclo de la vida y la muerte: Una transición festiva
La secretaria de actas de la OTB Tiataco, Neyda Andia Fernández, explicó a Los Tiempos que esta es una conexión profunda. “Noviembre comienza con la llegada de nuestras almas. A partir de esta actividad arrancamos con las actividades como el armado del mast’aku, esa mesa de ofrendas con todo lo que les gustaba en vida a nuestros seres queridos: masitas, t’antawawas, frutas y platos tradicionales. Todo tiene un significado. Es la fiesta de la muerte, del reencuentro espiritual”, explica.
Sin embargo, siguiendo la cosmovisión valluna que dicta que tras el luto viene la renovación, “inmediatamente después, arrancamos con la wallunk’a”, señala. “Si el mast’aku es la fiesta de la muerte, la wallunka es la fiesta de la vida, de la fertilidad y, tradicionalmente, de las mujeres solteras que buscan pareja”, añade.
Esta transición no es casual -subraya- ya que el mes de noviembre también marca el inicio de la época de lluvias y la siembra grande en los valles, vinculando la fertilidad humana con la productividad de la tierra. “Siempre realizamos una ofrenda a la Pachamama (Madre Tierra) antes de empezar”, comenta la dirigente.
“Es una época fuerte para nosotros; pronto cosecharemos papa, haba, arveja y el maíz blanco. Agradecer a la Madre Tierra es fundamental para que la organización y la cosecha sean buenas”, dice.
La Wallunk’a: Picardía, coplas y conquista en el aire
La wallunk’a nativa de Tiataco tiene una particularidad que la distingue: los columpios gigantes no se arman en estructuras artificiales, sino que se cuelgan directamente de los añosos árboles de algarrobo que custodian la comunidad en su bosque. “Es un gustito diferente, se siente la naturaleza”, asegura. Asimismo, la secretaria de Actas confiesó ser una apasionada de esta práctica desde sus 14 años.
La wallunk’a es un ritual de cortejo. Tradicionalmente, son las mujeres solteras, las “cholitas”, quienes suben al columpio. Los hombres, los “jaladores”, impulsan el vuelo con fuerza. En el punto más alto, la mujer debe intentar atrapar con los pies premios colgados en canastillos, mientras abajo, la música y las coplas pícaras animan el ambiente.
“Las coplas aquí tienen un significado muy particular, y casi siempre las inician las mujeres”, revela Andia. “Es una forma indirecta de coquetear, de decir ‘estoy soltera, busco pareja’. Es un contrapunto de ingenio y sensualidad entre hombres y mujeres”, explica.
La propia Neyda se animó a compartir una copla tradicional, demostrando la alegría que impregna la fiesta: “Ay palomitay, por vos viditay... ¡Que viva el mast’aku en Tiataco!”. Mencionó que este año, se preparan más de 500 canastillos con premios para las valientes que se atrevan a volar entre los algarrobos, manteniendo viva esta herencia.
Gastronomía y encuentro: El sabor del Valle Alto
La jornada sociocultural es también una vitrina para la rica gastronomía del valle alto. Desde las 8 de la mañana de este domingo, los visitantes podrán degustar un desayuno tradicional con api, buñuelos, panes de trigo y bizcochuelos, entre otros.
Al mediodía, la oferta se amplía con una variedad de platos típicos que reflejan la identidad productiva de la zona: con platos de ch’anka de trigo, laphing, p’ampaku, sopas de quinua, uchu de fideo y el infaltable chicharrón.
Y, por supuesto, no puede faltar el “néctar del valle”. Tiataco es famoso por su chicha, elaborada de manera natural. “Nuestra chicha, tanto la amarilla como la kulli (morada), es sanita. Solo usamos maíz wiñapu, sin alcohol ni acelerantes para la fermentación”, garantiza la dirigente. La bebida ya estuvo en proceso de maduración desde el pasado jueves, lista para ser compartida bajo la sombra de los árboles.
Un evento que une a la comunidad y atrae al mundo
La organización de esta festividad es un esfuerzo conjunto de toda la comunidad de Tiataco, que cuenta con una población activa de unas 1.500 personas, y el apoyo del Gobierno Autónomo Municipal de Arbieto.
La fiesta también sirve como punto de reencuentro para los residentes que emigraron, especialmente aquellos que viven en Virginia, Estados Unidos. “Muchos llegan desde principios de noviembre para participar no solo en la Wallunk’a, sino también en el aniversario de la comunidad (15 de noviembre) y la fiesta patronal de Cristo Rey (22 de noviembre)”, explica Andia. Aunque la comunicación a veces es compleja, el vínculo se mantiene fuerte a través de la participación y el apoyo a estas actividades culturales.
Para este domingo 9 de noviembre, la invitación está abierta a todo Cochabamba, Bolivia y el mundo.





























