El nuevo uniforme escolar: ¿la mascarilla?
Verlos así, con el rostro pálido detrás de una mascarilla plástica transparente, me dejó hundido en la tristeza y no logré aceptar la nueva normalidad de la que tanto se habla. Primer día de clases, y no sentí la alegría de los estudiantes a la que estábamos acostumbrados todos los maestros.
Se sentía un ambiente extraño, una niña lloraba confundida al no aceptar la realidad, al no comprender que ahora el nuevo uniforme escolar es la mascarilla, mientras la impotencia de no poder abrazarla y levantarla en los brazos, deslizó por mis mejillas un par de gotas cristalinas.
Así inició la gestión escolar 2021 en muchas unidades educativas, sobre todo del área rural. En medio de todo esto, nacen las dudas… ¿Qué pasará después con los estudiantes? ¿Podrán cumplir con el nuevo uniforme escolar? ¿Llegará la vacuna y todo volverá a la normalidad? ¿Será mejor o peor su aprendizaje?
Podemos cuestionarnos una y mil veces. Como personas adultas quizás no acertemos con la respuesta correcta. Pero, sí los estudiantes, hablo en especial del nivel inicial y primario, esas niñas, esos niños que, sin mucha dificultad, guiados por su entusiasmo y alegría, tienen la sabiduría perfecta para convertir en algo normal lo que no puede o no es normal para los adultos. Ellos son como el agua, puros, transparentes, vitales, capaces de habituarse a cualquier realidad, sin mucho cuestionamiento, sin mucha queja, sin mucho alboroto, quizás porque se sienten libres de cualquier culpa.
Mientras los adultos aún no aceptamos lo que pasa con la humanidad abatida por la pandemia, aún lloramos al no poder comprender que se nos quitó la libertad en cierta medida, muchas veces reconociendo en lo más profundo de nuestro ser, nuestra culpabilidad de lo que pasa con la vida y la humanidad.
Pero después de todo, por seres tiernos y angelicales como los niños, nos corresponde a los adultos, hacer todo el esfuerzo suficiente para garantizar un año del Derecho a la Educación, sin bajar la guardia, la disciplina, la responsabilidad y sobre todo sin dejar de aceptar que somos parte de la Madre Tierra, de la vida y es nuestra obligación cuidarla y protegerla, conscientes de que es el único hogar que dejaremos a nuestros hijos… a nuestros estudiantes.
Finalmente, esos rostros pálidos detrás de una mascarilla, al paso de los días se transforman en sonrisa tierna e inocente de seres que tienen sed de vida, de alegría, de educación… El nuevo uniforme no es problema para ellos, pues si han sido capaz de aceptar una corbata por 200 días sin saber de su utilidad, ¿Cómo no van a poder aceptar una mascarilla de uniforme escolar, conscientes de que les protege y a sus seres queridos de una cruel enfermedad?
El autor es maestro de comunicación y lenguajes, originario y castellano, en secundaria
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