Día Internacional de la Mujer
“Necesitamos que su representación refleje a todas las mujeres y niñas, en toda su diversidad y con todas sus capacidades, así como en todas las situaciones culturales, sociales, económicas y políticas. Es la única forma de conseguir un auténtico cambio social que incorpore a las mujeres como iguales en la toma de decisiones y nos beneficie a todas y todos”, afirma la directora ejecutiva de ONU Mujeres en su declaración de ayer sobre el Día Internacional de la Mujer 2021, que se celebró ayer.
Y tiene razón esa dama, tanto más cuanto en el último año, marcado por la pandemia de Covid “se ha producido un aumento de la violencia contra las mujeres y las niñas; estas últimas han perdido muchas horas de aprendizaje debido al cierre de escuelas (…)”.
Además, las mujeres están en la primera línea de lucha contra la pandemia y sus efectos, y son las que soportan con mayor énfasis la carga de cuidados a los enfermos y a los niños en el hogar. Y “decenas de millones de mujeres están perdiendo sus puestos de trabajo a un ritmo mayor que los hombres y pagando el precio de la falta de acceso a tecnologías digitales o de capacidad para manejarlas”.
Pero las desigualdades que afectan a las mujeres han existido desde siempre, y es solo hace unas décadas que la sociedad y sus organizaciones se han preocupado de disminuir esas brechas. Los avances no son pocos, si se considera que apenas un poco más de un siglo ha transcurrido desde que una huelga de trabajadoras textiles estadounidenses sentara las bases de un proceso ininterrumpido de conquistas. Son tan profundos los cambios, que la presencia de mujeres en los principales escenarios económicos, políticos o culturales es ya tan habitual que a las nuevas generaciones les resulta difícil imaginar algo diferente.
Sin embargo, y sin desmerecer esos logros,es evidente que, en todas partes, los avances son insuficientes cuando se los compara con lo mucho que falta por hacer. En todo el mundo –y Bolivia no es una excepción– la causa de la equidad de género está lejos de llegar a la inmensa mayoría de las mujeres para las que las leyes y los discursos no han transformado sus vidas en la medida de lo esperado.
Los datos evidencian lo lejos que aún estamos de una sociedad en la que ser mujer no sea una desventaja. Indicadores de pobreza, violencia, analfabetismo, empleo, seguridad social, equidad salarial, y muchos otros coinciden enesa realidad: las mujeres siempre llevan las de perder.
Todo indica que cambios tan profundos como los que están en curso en las relaciones entre hombres y mujeres son mucho más difíciles de lo deseable, lo que lejos de ser motivo de desaliento, debe dar lugar a una mirada más serena, comprensiva y desapasionada sobre la real dimensión de un desafío ante el que los deseos y la voluntad no resultan suficientes.


















