Malas traducciones de Marx
Se confirman nuestras sospechas. Al final de los años 70, participé en un grupo que sagradamente, los días domingos en la tarde, leía obras de Carlos Marx y en particular Das Kapital de la editorial rusa Progreso. En esa época, sólo leíamos dos editoras: Siglo XXI y con muchos reparos obras publicadas por el Fondo de Cultura Económica. La lucha de clases estaba en todas partes y no podíamos aflojar.
Comprenderán que con los efluvios de la primera juventud entablábamos encarnizados debates sobre lo que Charlie, como lo llamamos cariñosamente en esa época, quería decir con sus endiabladas ideas.
En una oportunidad, ante el punto ciego que habíamos alcanzado en la esgrima de la tertulia, concluimos que había graves errores de traducción y atribuimos estos a que los especialistas que habían pasado del alemán al español las tesis de Marx eran pequeños burgueses que no podían deshacerse de sus complejos de clase y, por supuesto, los trasladaban a la traducción. Además de no conocer en profundidad el alemán, eran revisionistas. Para subsanar este problema, algunos amigos de este grupo habíamos comprendido, siguiendo a Caetano Veloso, que solo era posible filosofar en alemán. Confieso que no sé si aprendieron el idioma, pero les garantizo que abandonaron el marxismo a paso de parada.
Casi 40 años después, nos dan la razón a este grupo de jóvenes en el que participaban Bebo Borth, Marcos Castellón, Chaza y el Papirri Monroy, Ismael Montes, Chino Ferreira, Fabian Yaksic, Luis Pelón Tapia. Fieles a la época éramos también el club de Toby.
Nota: Antes de que mis detractores me crucifiquen en la cruz del: “yo siempre lo supe, éste es un zurdo de clóset”, permítanme también comentarles que en la época participaba de un club de lectura de literatura donde, de contrabando, leíamos a Adam Smith.
El autor es economista
Columnas de GONZALO CHÁVEZ A.

















