Jeanine Áñez: La presidenta inesperada
La Paz
Jeanine Áñez solloza, le tiembla el mentón, habla entrecortado mientras suspira entre palabra y palabra. Es lunes 11 de noviembre, el reloj marca las 7:20 y la entonces senadora es entrevistada por diversos medios. Insiste en que sólo si cuenta con el respaldo de las organizaciones civiles aceptará la presidencia, pero si se elige otra vía, también la apoyará.
“Es para dar una certidumbre al país, si yo tengo el acompañamiento para que no pase este vandalismo, para que no haya más muertes (…), creo que los bolivianos no merecemos esto y es urgente que le demos una certidumbre a la gente”, dijo Áñez, quien era senadora del Movimiento Demócrata Social (Demócratas).
Ya pasó algo más de un mes de ese entonces y las cosas han sucedido muy rápido, reconoce la Presidenta interina. Asumió el cargo con una Bolivia en llamas, dialogó con sectores divididos para apaciguar el país, promulgó una ley corta para convocar elecciones, derogó el decreto que permitía la salida de las Fuerzas Armadas a las calles y asumió otras medidas tendientes a gobernar en este momento de transición.
“Si hablamos de que hace un mes que estamos en el Gobierno es poco, pero nosotros hemos vivido (todo) tan intenso que si a veces que nos acordamos de algunas situaciones (…) decimos cuántas cosas pasaron en tan poco tiempo, porque de verdad fueron muchísimas cosas, fueron momentos de mucha tensión (…) Todo ha sido muy rápido”, decía Áñez hace unos días al programa Que No Me pierda, de la red Uno.
Esta intensidad no la buscó, como tampoco el cargo, incluso ni siquiera la soñaba, ha reconocido en diversas oportunidades; sin embargo, asumió la presidencia transitoria siempre poniendo el nombre de Dios por delante. Por eso, el día de su posesión salió al balcón del Palacio Quemado con una biblia en la mano, un ejemplar de “Los cuatro evangelios” y en los diversos actos oficiales nunca falta el crucifijo.
“Voy a trabajar este corto tiempo porque los bolivianos merecen vivir en libertad, merecen vivir en democracia y que nunca más se les robe el voto”, dijo.
Mientras unos la vitoreaban bajo el balcón en la céntrica plaza Murillo, cerca se escuchaba como la Policía dispersaba con gases a los incondicionales de Evo Morales, recuerda EFE.
Jeanine Áñez nació hace 52 años en San Joaquín (Beni). Tras estudiar derecho en Trinidad y luego de ser presentadora de televisión, entró a la política en 2006, cuando fue miembro de la Asamblea Constituyente que redactó la actual Constitución Política del Estado. Posteriormente, fue electa senadora de Beni en 2010 por la alianza Plan Progreso y Convergencia Nacional, ya inexistente. Luego fue reelecta en 2015.
Hasta antes de la salida de Morales se desempeñaba como segunda vicepresidenta del Senado, un cargo que está reservado a la minoría de la oposición. Esto fue lo que le empujó, reitera, sin proponérselo, al sillón presidencial. Hasta ese momento, ella se encontraba en Trinidad y, “como una ciudadana más (…) estaba en la calle”, participaba en los bloqueos y marchas.
“Fueron muchas renuncias para que me toque a mí, se dieron las cosas, renuncia Evo Morales, Álvaro García Linera, la presidenta del Senado (Adriana Salvatierra), el presidente de diputados (Víctor Borda)”, contó en la entrevista en Que No Me Pierda.
Horas después de la renuncia de Morales, Áñez empezó a recibir llamadas de representantes cívicos de Santa Cruz, de colegas y cercanos sobre la posibilidad de que asumiera la presidencia. La clave, dijo en diversas oportunidades, fue respetar la sucesión presidencial.
El lunes, horas después de haber hablado con los medios de comunicación y quebrarse en más de una oportunidad, Áñez mostraba una faceta diferente. Ante una cámara, de pie, vestida de negro y frente a una bandera boliviana colgada en una cortina, hablaba con voz fuerte y apuntaba con la mano mientras emplazaba al en ese entonces comandante de las Fuerzas Armadas, Williams Kaliman, a coordinar acciones con la Policía para evitar la violencia y los ataques de “las hordas delincuenciales que están en la calle destruyendo toda La Paz”.
“Le ruego, como boliviano, cumpla con su labor. No queremos derramamiento de sangre. Ustedva a ser el responsable de todo lo que suceda en este país si después de este pedido y después del pedido que yo le hago como presidenta del Senado, no coordina con la Policía para acabar con esta delincuencia que está ahora en la calle”.
En la noche del lunes, Kaliman sacó finalmente a los militares. Hubo voces que destacaron la situación, aunque la medida derivó en enfrentamientos que se llevaron una treintenta de vidas. La Corte Interamericana de Derechos Humanos consideró incluso que se cometieron masacres, aunque el Gobierno lo desvirtuó.
La falta de gobierno era insostenible y ellegislativo trataba de sesionar, pero sin éxito debido al boicot masista. Las cartas, sin embargo, estaban echadas. El martes 12, a las 18:52, Áñez se convirtió en la segunda mujer en ocupar la Presidencia, la primera fue Lidia Gueiler, entre 1979 y 1980.
No hubo acto especial ni protocolos. Asumió por sucesión constitucional ante el vacío de poder, sin que el Legislativo presentara una resolución al respecto ni tratara la renuncia de Morales, Álvaro García Linera, de Salvatierra o Borda.
Un pronunciamiento, el mismo martes, del Tribunal Constitucional avaló la posesión ante la “grave situación social y política que atraviesa el país” y bajo el precepto que “el funcionamiento del ejecutivo de forma regular no debe suspenderse”.
“Como presidenta de la Cámara de Senadores, asumo de inmediato la presidencia del Estado previsto en el orden constitucional y me comprometo a asumir todas las medidas necesarias para pacificar el país”. “Dios les bendiga, felicidades Bolivia”, exclamó en el Parlamento en medio de gritos de “Bolivia, Bolivia” de legisladores afines.
Instantes después salió al balcón de Palacio Quemado. A su lado derecho se encontraba su hija Carolina y el presidente del Comité Cívico Potosinista, Marco Antonio Pumari; al izquierdo, su hijo José y el líder cívico cruceño Luis Fernando Camacho.
“Voy a trabajar este corto tiempo porque los bolivianos merecen vivir en libertad, merecen vivir en democracia y que nunca más se les robe el voto”. “Esta Biblia es muy significativa para nosotros, nuestra fuerza es Dios, el poder es Dios”, dijo.
Dos objetivos
En su primer mensaje como presidenta interina, el miércoles 13 de noviembre, enfatizó que no hubo golpe de Estado y que su posesión se debió a una “reposición de la legalidad constitucional”.
Reiteró que su mandato es “estrictamente provisional”, con los objetivos inmediatos de convocar nuevas elecciones y derogar la sentencia constitucional que permitió candidatear a Morales.
“Este mandato presidencial de carácter estrictamente provisional tendrá dos objetivos fundamentales: la derogación de la sentencia inconstitucional 0084/2017 de 28 de noviembre de 2017 y la convocatoria a elecciones generales en el tiempo más breve posible tal y como lo establece la Constitución”, afirmó en conferencia de prensa.
También expresó su solidaridad con las víctimas de los enfrentamientos, que en ese entonces llegaban a ocho muertos y 500 heridos.
“A todos ellos y muy especialmente a las familias de los que han pagado con su vida la defensa de sus principios, mi reconocimiento y agradecimiento. Suya, solo suya, es esta victoria”. “Es fundamental que todos sepan que hoy comienza una ruta pacífica y democrática para reponer la legalidad y que he encomendado a las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional que garanticen la pacificación del país”, señaló, cita EFE.
“Hablo de transición sin ambigüedades, hablo de un cambio de régimen, de revocar las condiciones que nos habían convertido en un país totalitario para construir valores, instituciones y procedimientos plenamente democráticos”.
Inicio convulsionado
El comienzo no fue fácil para Áñez ni para sus cercanos. Los primeros días del Gobierno fueron en medio de una tensión social constante y represión de las fuerzas del orden. Sus tareas prioritarias fueron denominar a nuevas autoridades, a la par de intentar el diálogo con diversos sectores sociales, que ya se encontraban atomizados por la aparición de diversos dirigentes, e impulsar la convocatoria a las elecciones, que se plasmó en una ley corta promulgada el 24 de noviembre.
Al día siguiente de su posesión, nombró al general Carlos Orellana Centellas como el nuevo Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de Bolivia y cambió al resto del alto mando militar. No pasó desapercibido que en el salón había un crucifijo y dos cirios junto a la Constitución de Bolivia.
Ese día, además, posesionó a parte de su gabinete, de emergencia, entre los cuales había detractores de Morales, como el senador Arturo Murillo quien como ministro de Gobierno anunció una “cacería” en contra de Juan Ramón Quintana. También resaltaron académicos como la canciller Karen Longaric.
“Bolivia no puede volver a girar en torno a un caudillo, por eso agradezco de todo corazón que estén presentes con valentía y espíritu patriótico dispuestos a enfrentar este duro reto de devolver a nuestra patria su institucionalidad democrática”, les dijo Áñez a las nuevas autoridades, durante el acto de posesión.
Su autoridad se demostró también cuando tres semanas después no le tembló la mano para reemplazar al titular de la cartera de la Presidencia Jerjes Justiniano en medio de cuestionamientos por presunta injerencia en la justicia o cuando ordenó que se realicen auditorías a los ministerios para ver si hubo o no irregularidades en la gestión de Morales.
Además, designó al general Rodolfo Antonio Montero Torricos como el nuevo Comandante General de la Policía Boliviana en reemplazo del general Vladimir Calderón.
Si bien se han dado pasos agigantados para la pacificación y ya no hay protestas, la tensión, aunque baja, perdura. La presencia del expresidente Morales en Orán, zona argentina fronteriza con Bolivia, no ayuda a la tranquilidad.
“Lo que nosotros le pediríamos (a Morales) es que nos deje vivir en paz (...), esperemos que no provoque sedición y terrorismo desde donde está, porque debe respetar su calidad de refugiado (...), y no vamos a permitir los bolivianos que nos roben más elecciones”, sostuvo Áñez el sábado 14, luego de participar en la graduación de “Cóndores Satinadores”, en Sanandita, Tarija.
Además, la mandataria ha asegurado en más de una ocasión que el país poco a poco vuelve a la normalidad y que la gente lo reconoce.
“Donde vamos recibimos ese mensaje, ‘gracias’ porque respiramos libertad y nosotros decimos ‘gracias a ustedes porque nos han acompañado en el proceso’. Si yo fui la persona, el instrumento que ese momento me tocó, porque yo tampoco me lo esperaba, yo jamás había pensado. Esto llegó del cielo”, dijo hace unos días.
Senadora que se ocupó del Tipnisy la mujer
La Paz / EFE, BBC
En el periodo parlamentario 2010-2015, la senadora Jeanine Áñez se mostró como una persistente opositora a la construcción de la carretera por el corazón del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis), un proyecto de Evo Morales que se interrumpió gracias a la protesta de un grupo de indígenas que marcharon hacia La Paz.
En su segunda legislatura como senadora, desde 2015, además de repeler una nueva postulación de Evo Morales para un cuarto mandato, se centró en el trabajo legislativo para prevenir los feminicidios y la violencia contra la mujer.
Su labor como legisladora no estuvo apartada de algún momento jocoso como aquella sesión legislativa en la que confundió una ley de Newton y se la atribuyó a Albert Einstein, al señalar que todo lo que sube tiene que bajar, refiriéndose al Gobierno de Morales.
Como parte de la Asamblea Constituyente, fue miembro de la Comisión de Organización y Estructura del País y trabajó en la parte de Poder Judicial.
Es una amante de los animales y el deporte
La Paz / EFE, BBC
Cultora del fitness y la gimnasia, Jeanine Áñez solía salir a correr por las mañanas y dedicar, cuando podía, algunas horas a la zumba.
Además, suele cuidarse en las comidas, “aunque se da gustos, claro”, contó a la agencia argentina Telam su hijo José. “Casi no come comida que llamamos chatarra, y le gustan las sopas y el pollo a la plancha”, relató.
Además, es fanática del fútbol aunque no es hincha de ningún equipo en particular, aunque sí apoya a rajatabla a la selección.
La Presidenta transitoria es amante de los animales. A fines de noviembre adoptó a un perro callejero de la zona de San Jorge al que nombró “Pitita”, en alusión a los bloqueos en contra de Evo Morales.
“Nos conocimos hace unos días fuera de San Jorge, está enfermito, pero con mucho cariño ya está recuperando. Es la alegría que me despide todos los días y me recibe siempre con una sonrisa. Les presento a Pitita, el nuevo integrante de la familia”, escribió en Twitter y Facebook.
Además, la presidenta Áñez tiene un perro adoptado de raza pinscher que se llama Vicente y una gata rescatada de nombre Emilia.
En una entrevista con El Deber contó que también alimenta a 15 felinos en su antiguo barrio de Trinidad.


























