La expresión repetida y el sentido común señalan que un país que puede alimentarse independientemente es un país sin mayores problemas. La más esencial de sus necesidades está satisfecha y con ella puede proyectar su desarrollo educativo, sanitario, tecnológico, etc. Aquella premisa se ve más factible en Estados que cuentan con suelos aptos, agua y biodiversidad complementaria, o sea, países como el nuestro. Pero en estos días Bolivia se halla muy cerca de las antípodas de la autosuficiencia alimentaria, y las cosas van para peor.