En Bolivia, cada año más de 200 personas se suman a la lista de pacientes con insuficiencia renal crónica. Muchos de ellos dependen de la diálisis para sobrevivir y otros esperan, con esperanza y ansiedad, la oportunidad de recibir un trasplante de órgano. La mayoría recibe ayuda de sus familiares, mientras que otros esperan por un donante voluntario.