
SURAZO
No tengo precisión del tiempo que llevo escribiendo esta columna, pero estoy seguro que he rebasado las dos décadas. De cuando en cuando, y siempre que la ocasión me lo permite, experimento con las reacciones de la gente, especialmente ante el uso del idioma.
Eso pasó la anterior semana, cuando la ocasión fue propicia para ponerle al artículo un título tan sugestivo como “El pene de Napoleón”, aludiendo a las reacciones en Brasil por los homenajes que recibió el corazón del emperador Pedro I.
Para tranquilizar a los asépticos amantes del eufemismo, debo decir que quien se refirió así al apéndice reproductor del más famoso emperador de Francia fue el historiador brasileño Luiz Antonio Simas.
Pero pintemos el contexto: la sugerencia de “que también traigan el pene de Bonaparte” fue lanzada por Simas poco antes de conocerse que el gobierno de Jair Bolsonaro había conseguido que el de Portugal autorice el envío y permanencia temporal del corazón de Pedro I en el Brasil del que fue emperador.
Para amar un país hay que conocerlo y una de las maneras de hacerlo es recorrerlo de punta a punta. Gracias a mi trabajo, pude conocer los nueve departamentos de Bolivia y estuve tanto en Villazón, Bermejo y Villamontes como en Cobija, la puerta al Brasil a través de Brasileia y Epitaciolândia.
En los días previos y posteriores a la fundación de Bolivia, Antonio José de Sucre era un hombre tremendamente ocupado. Su voluminosa correspondencia, mayor que la de Bolívar en aquel tiempo, demuestra que quien llevó el mayor peso en la organización del país fue él. Entre sus múltiples ocupaciones destaca un hecho llamativo para tiempos de pandemia, como el presente: ordenó una vacunación.
El país está cayendo en un estado de anomia tal que los delitos ahora son cometidos por servidores públicos, a plena luz del día, y, en ocasiones, hasta por autoridades.
En noviembre del año pasado, en medio de las protestas del comité cívico, el entonces presidente de la Asamblea Legislativa Departamental de Potosí, Marcial Ayali, se puso al frente de los grupos de choque que salieron a las calles con el fin de desbloquearlas a punta de patada. Mujeres y ancianos estuvieron entre los afectados.
El 6 de Agosto de 1825, los diputados de los cinco partidos o intendencias de Charcas declararon su independencia “de todas las naciones, tanto del viejo como del nuevo mundo”. Se suponía que, a partir de entonces, se viviría en libertad, pero eso no sucedió.
Santa Cruz cumplió un paro exigiendo un “censo justo” en 2023. La sola inclusión del criterio de justicia convierte a esa demanda en un pedido nacional.
Y es que, en los últimos años, los censos no cumplieron su objetivo intrínseco, sino que ampliaron las brechas de pobreza existentes en nuestro país. Con los resultados de esos censos, las regiones pobres se volvieron más pobres y las ricas son todavía más ricas. Y en este último grupo está Santa Cruz.
Luis Arce logró lo que Evo no pudo en casi 14 años de gobierno continuo: frenar un paro del Comité Cívico Potosinista (Comcipo).
No es poca cosa.
Desde que Comcipo le dobló el brazo a Jaime Paz Zamora, haciéndole anular el contrato que ya había firmado con la transnacional FMC Lithium Divisium para la explotación del litio del salar de Uyuni, comenzó una serie de paros, cada uno más extenso que el otro, y el último sólo se levantó con la renuncia de Morales.
Preocupada por la oleada de mercaderías que ingresaban al país por el lado de Villazón, la Aduana Nacional por fin se decidió a enviar refuerzos a aquellos que combaten el contrabando en ese punto fronterizo.
El sistema universitario boliviano ha quedado devastado tras una crisis que provocó cinco muertes y le obligó a encarcelar a su principal dirigente estudiantil que, para colmo, resultó ser una persona con más de 20 años de permanencia en esa condición.
Pero el verdadero problema no está en un sistema, cuya podredumbre ha dejado de dar señales de cambio, sino en el futuro que les espera a las mujeres y hombres que estudian carreras profesionales, no sólo en las universidades estatales, sino también las privadas.

