
SURAZO
Durante el periodo virreinal, mejor conocido como colonial, Corpus Christi era una verdadera fiesta en Potosí. A lo largo del siglo XVI, se podía disfrutar de danzas, pero en la primera parte del siglo XVII el arte predominante era el del teatro y, específicamente, el de las comedias.
Mantengo esta columna por más de 30 años y, durante todo este tiempo, no he podido convencer a mis lectores del interior del país de que las generalizaciones son malas y no reflejan la realidad.
Y, lamentablemente, se generaliza lo malo, o aquella característica que podría ser usada para degradar a las personas, a grupos de personas o colectividades enteras.
Todavía existe confusión en Potosí.
Parece que el gas lacrimógeno que un desubicado liberó de su cápsula no se ha disipado y sigue haciéndonos llorar. Nos tocó hacerlo, de nuevo, el martes, cuando se supo de la muerte de la quinta víctima de esa tragedia.
Pocos de ustedes debieron escuchar hablar de la empanada flamenca. Su origen está en Flandes y doña Beatriz Rossells ha repetido, en sus publicaciones, que la receta fue traída por los españoles, junto a muchas otras, en los tiempos virreinales en los que una ciudad, Potosí, atraía a la gente como la miel a las moscas, debido a la plata de su Cerro Rico. Y fueron también los tiempos en los que Flandes formaba parte del Imperio Español.
Cada ser humano ve el mundo desde su propia perspectiva, así que lo percibe diferente a los demás. Existen coincidencias, pero no percepciones iguales, así que cada visión es distinta. Esa fue una de las razones por las que las sociedades decidieron dotarse de normas, para que las percepciones distintas de las personas se canalicen mediante criterios en común, y no se imponga una voluntad por encima de las demás.
Ingresé a la Universidad Autónoma Tomás Frías (UATF) el año 1986 y ahí encontré a un dirigente que me pareció demasiado viejo para ser estudiante. No le puse demasiada atención, porque, con todo derecho, mucha gente ingresa a estos centros de profesionalización cuando ya tiene varios años encima. De hecho, animé a mi padre a que también se inscribiera y, de esa manera, él llegó a ser mi compañero.
Hasta hace más o menos una década, “salir profesional” era el objetivo de vida de la mayoría de los bolivianos.
La lógica era tan abrumadora, que no admitía discusión: el título profesional servía para conseguir trabajo y, teniendo uno, era posible sostener una familia.
Recién nomás conmemoramos el Día del Trabajo y la Central Obrera Boliviana (COB) volvió a avergonzar a los sindicalistas, por lo menos a quienes entendemos el sindicalismo como la mejor manera de defender los derechos de los trabajadores.
Wilfredo Chávez Serrano es el procurador general del Estado. Según la Constitución Política del Estado, debe “defender judicial y extrajudicialmente los intereses del Estado” y “atender las denuncias y los reclamos motivados de ciudadanos y entidades que conforman el Control Social, en los casos en que se lesionen los intereses del Estado”. En lugar de eso, pasa buena parte del tiempo haciendo activismo a favor del MAS, pese a que el artículo 5 de la Ley de la Procuraduría General del Estado dice que debe ser “independiente en el ejercicio de sus funciones”.

