
SURAZO
Santa Cruz cumplió un paro exigiendo un “censo justo” en 2023. La sola inclusión del criterio de justicia convierte a esa demanda en un pedido nacional.
Y es que, en los últimos años, los censos no cumplieron su objetivo intrínseco, sino que ampliaron las brechas de pobreza existentes en nuestro país. Con los resultados de esos censos, las regiones pobres se volvieron más pobres y las ricas son todavía más ricas. Y en este último grupo está Santa Cruz.
Luis Arce logró lo que Evo no pudo en casi 14 años de gobierno continuo: frenar un paro del Comité Cívico Potosinista (Comcipo).
No es poca cosa.
Desde que Comcipo le dobló el brazo a Jaime Paz Zamora, haciéndole anular el contrato que ya había firmado con la transnacional FMC Lithium Divisium para la explotación del litio del salar de Uyuni, comenzó una serie de paros, cada uno más extenso que el otro, y el último sólo se levantó con la renuncia de Morales.
Preocupada por la oleada de mercaderías que ingresaban al país por el lado de Villazón, la Aduana Nacional por fin se decidió a enviar refuerzos a aquellos que combaten el contrabando en ese punto fronterizo.
El sistema universitario boliviano ha quedado devastado tras una crisis que provocó cinco muertes y le obligó a encarcelar a su principal dirigente estudiantil que, para colmo, resultó ser una persona con más de 20 años de permanencia en esa condición.
Pero el verdadero problema no está en un sistema, cuya podredumbre ha dejado de dar señales de cambio, sino en el futuro que les espera a las mujeres y hombres que estudian carreras profesionales, no sólo en las universidades estatales, sino también las privadas.
Durante el periodo virreinal, mejor conocido como colonial, Corpus Christi era una verdadera fiesta en Potosí. A lo largo del siglo XVI, se podía disfrutar de danzas, pero en la primera parte del siglo XVII el arte predominante era el del teatro y, específicamente, el de las comedias.
Mantengo esta columna por más de 30 años y, durante todo este tiempo, no he podido convencer a mis lectores del interior del país de que las generalizaciones son malas y no reflejan la realidad.
Y, lamentablemente, se generaliza lo malo, o aquella característica que podría ser usada para degradar a las personas, a grupos de personas o colectividades enteras.
Todavía existe confusión en Potosí.
Parece que el gas lacrimógeno que un desubicado liberó de su cápsula no se ha disipado y sigue haciéndonos llorar. Nos tocó hacerlo, de nuevo, el martes, cuando se supo de la muerte de la quinta víctima de esa tragedia.
Pocos de ustedes debieron escuchar hablar de la empanada flamenca. Su origen está en Flandes y doña Beatriz Rossells ha repetido, en sus publicaciones, que la receta fue traída por los españoles, junto a muchas otras, en los tiempos virreinales en los que una ciudad, Potosí, atraía a la gente como la miel a las moscas, debido a la plata de su Cerro Rico. Y fueron también los tiempos en los que Flandes formaba parte del Imperio Español.
Cada ser humano ve el mundo desde su propia perspectiva, así que lo percibe diferente a los demás. Existen coincidencias, pero no percepciones iguales, así que cada visión es distinta. Esa fue una de las razones por las que las sociedades decidieron dotarse de normas, para que las percepciones distintas de las personas se canalicen mediante criterios en común, y no se imponga una voluntad por encima de las demás.
Ingresé a la Universidad Autónoma Tomás Frías (UATF) el año 1986 y ahí encontré a un dirigente que me pareció demasiado viejo para ser estudiante. No le puse demasiada atención, porque, con todo derecho, mucha gente ingresa a estos centros de profesionalización cuando ya tiene varios años encima. De hecho, animé a mi padre a que también se inscribiera y, de esa manera, él llegó a ser mi compañero.

